Resumen de "Teles, A. (2009). Parte II. Breves aportes conceptuales"Resumen de "Teles, A. (2009). Parte II. Breves aportes conceptuales"8/3/2026Autor: Alejandro Busto Bertorelli Índice
Preguntas que guían la lectura¿Qué entiende la autora por lo singular-colectivo?Según Montero (2006), la problematización, o la práctica problematizadora, permite la toma de conciencia de aquello que usualmente se piensa acríticamente, de forma automática, como algo dado naturalmente que no necesita ser revisado. Problematizar, en este sentido, es adquirir conciencia de los conocimientos que hemos incorporado y ponerlos en tela de juicio, de forma tal de pensarlos críticamente, desnaturalizándolos, y revisándolos para reflexionar si es posible pensarlos de forma distinta. Por lo tanto, la práctica problematizadora es, en sí misma, potencialmente transformadora. Lo que plantea Teles es, justamente, la problematización de lo singular-colectivo. La autora entiende que ya no es pertinente pensar lo singular y lo colectivo como entidades separadas, ya no como separación, como dicotomía entre el individuo por un lado, y lo colectivo, la comunidad o la sociedad, por otro. Sino como concepto relacional en composición inmanente que, a través de una trama de afectaciones potenciales, en tanto colectivo, nos es común a todes, pero que se actualiza en las singularidades de manera tal que estas son, entre sí, diferentes. No diferentes de un ser normativo, trascendente, sino diferentes en términos de intensidades singulares que manifiestan lo colectivo produciéndolo y reproduciéndolo. Sin embargo, esta reproducción no es en términos de reproducir una norma, de reproducir “lo mismo”, sino producción de nuevas formas de ser, nueva producción de subjetividades que producen lo colectivo, lo reproducen y, también, lo transforman. Y en ese sentido, lo singular-colectivo ya no puede pensarse en términos de separación, estáticos, sino en términos de composición inmanente que se produce y reproduce recíprocamente, dando lugar a intensidades singulares de lo colectivo que dan cuenta de su potencia. La autora agrega que, tomado este planteo desde una ontología del devenir, el acontecimiento, en tanto suceso imprevisible, que manifiesta lo inmanente y lo incorpora como producción de subjetividades que transforman y se transforman constantemente, da cuenta de la potencialidad del devenir en múltiples maneras de ser, pensar y vivir, es decir, en múltiples formas de existencia que resisten a la imposición de una única, unívoca y estática manera de ser. ¿Qué implica comprender la subjetividad alejado de ciertas formas prefiguradas sostenidas por un ideal de sujeto universal?Comprender la subjetividad alejado de ciertas formas prefiguradas sostenidas por un ideal de sujeto universal implica la posibilidad de un ejercicio de pensamiento creativo que tiene el potencial de construir nuevas configuraciones de nosotros mismos y del mundo. Nos brinda la posibilidad de pensarnos de diversas formas y no desde una única vía de pensamiento. Implica la potencialidad de alejarse de un modelo del mundo único que condiciona los modos de existencia desde una norma hegemónica que restringe, excluye y discrimina la diferencia en tanto que no se ajusta a la normatividad impuesta. Además, en tanto única forma de existencia, en tanto modelo a seguir a rajatabla, dificulta y limita la mutación, modificación y transformación de la realidad, en tanto esta se presenta como la desintegración del modo único hegemónico. Alejarse de esta perspectiva y comprender la subjetividad desde una ontología del devenir, como producción y reproducción singular-colectiva que nunca deja de transformarse, incorpora la dimensión transformadora y autotransformadora de la vida misma, su capacidad de mutación en formas imprevisibles, y en ese sentido, manifiesta la posibilidad y potencialidad de la creatividad en las formas inventivas de existencia. Es imperioso, plantea la autora, vislumbrar la mutabilidad constituyente del mundo y de nosotros mismos, en tanto esta trae consigo la mutua apropiación del acontecer y la subjetividad y, por lo tanto, da cuenta de la posibilidad de resistencia ante las formas de imposición de una única manera de vivir, ser, estar y pensar en el mundo, y es en este movimiento donde podemos concebirnos como seres singulares-colectivos capaces de desplegar un potencial creativo como ejercicio de libertad, de formas de transformar el mundo hacia uno que verdaderamente queremos, y no uno que se nos impone como el único posible. Por ello, la cuestión de la subjetividad se vuelve proceso de subjetivación, dinámico, deviniendo constantemente, actualizándose en cada acontecimiento y efectuando diversos y múltiples modos de existencia que se configuran en una trama relacional deviniente imposible de frenar. Resumen del texto 1- La fuerza crítica y creativa de la pregunta ontológicaLa filosofía efectúa un peculiar ejercicio de pensamiento, en su despliegue realiza una actividad problematizante y creativa mediante la cual, fuerza a la pregunta, toma distancia de lo establecido, de lo ya dicho, abre la posibilidad de la creación, de una pertinaz modificación de nosotros mismos. La actividad filosófica adquiere su mayor vigor de su fuerza crítica al desplegar la pregunta ontológica. El pensamiento ontológico brinda un procedimiento de acción: comenzar a pensar desde la problematización misma, desde una disposición crítica y creativa de aquel que lo realiza. El pensamiento ontológico hace referencia a la cuestión del ser y en un sentido más amplio al modo de concebir la realidad. Solemos considerar la realidad de una única manera, nos aferramos a ella, en tanto, se presenta como la forma-soporte de nuestra vida diaria de la cual depende el modo de concebir al mundo y a nosotros mismos. Desde nuestra perspectiva, pensamos que la fuerza del pensamiento ontológico radica en el impulso que brinda a la problematización y a la creación de otros modos de realidad, de nuevos modos del mundo. La dificultad mayor del preguntar ontológico consiste en su radicalidad, en su cuestionar todo punto de anclaje. La ausencia de un soporte último trae consigo la presentación directa de la configurabilidad, de la creación constante. El pensamiento ontológico disuelve las ataduras a un modo único de realidad. Nos impulsa a pensar en nuevos modos del ser, en la necesidad de volver a pensar la producción. Brinda la posibilidad de disolver las formas instauradas y da lugar a la emergencia de distintos modos de ver y oír, de nuevas vías de expresión, de las más genuinas invenciones y configuraciones de vida. 3- Los acontecimientos envuelven potencias mutacionales y singularizaciónEl pensamiento de la ontología del devenir/acontecimiento realiza su potencial creativo mediante una lógica de las sensaciones y el sentido, gracias a su ejercicio llevamos a cabo modalidades de pensamiento afirmativo, efectuamos nuevas configuraciones de pensamiento, nuevas tramas de realidad. La política afecta en tanto política del acontecimiento, no se debate entre el acontecimiento y el hecho, entre el devenir y la historia. Afirma el devenir, el acontecimiento, su actualización y su efectuación, dando lugar a una modalidad política abierta a lo inesperado. 4- Pensar la producción: un problema filosófico-políticoDesde la Grecia antigua estamos atados al devenir como el pasaje de la potencia al acto, a las metáforas de la semilla y el árbol, del niño y el hombre adulto. La semilla posee en potencia al árbol, el niño al hombre adulto, el fin se vuelve el elemento fundamental que determina el proceso de producción. Pensamos la producción de acuerdo al régimen empírico-trascendente, al dualismo, separamos el proceso constituyente de acuerdo a un modo hegemónico de pensar regido por la causa final, por el objetivo último: hemos perdido de vista la importancia del proceso mismo. Pensar de un modo diferente la producción, significa pensar nuevamente la realidad, la relación entre los seres, el vínculo entre el hombre y el mundo: el modo de pensar y experimentar la naturaleza-ser. Consideramos que desplazarnos hacia una ontología del devenir, abre el pensamiento de la potencia, crea condiciones lógicas y conceptuales para una renovación del problema de la producción y de las experiencias productivas. También, abre los caminos para pensar a los hombres y las mujeres, a las plantas, animales, ríos y montañas como seres expresivos capaces de desplegar su potencial, en consonancia con el mundo-naturaleza del cual forman parte. La experiencia nos ha mostrado que la producción colectiva requiere, para su desarrollo, una trama afectiva, que actualice deseos y valores fraternos de la vida humana. La producción se presenta como problema, exige un pensamiento del devenir-acontecimiento imbricado a la inmanencia-potencia capaz de enriquecer y renovar el despliegue de prácticas productivas, nuevas modalidades relacionales, nuevos cuerpos, nuevos modos del mundo. El pensamiento de la inmanencia-potencia cobra importancia en el momento de pensar la producción. Al pensar la inmanencia, pensamos una materia-ser devenido que en su despliegue muestra la relacionalidad, la comunicabilidad, el poder de afectar y ser afectado, su potencia productiva, configurante y configurada. La inmanencia productiva siempre produce, manifiesta su esencia expansiva como producción de producción, despliega su potencia poiética: produce y al producir se auto-produce. 5- La problematización de lo singular-colectivoEl concepto de univocidad-inmanencia, da lugar al pensamiento de una política relacional-afectiva que problematiza el concepto de lo singular-colectivo. Lo singular en tanto expresa un grado de potencia, una diferencia intensiva, muestra lo colectivo. A su vez, lo colectivo supone a lo singular como modo expresivo. Lo singular adquiere el carácter de singularidad intensiva, de modo intrínseco. Su esencia intensiva se despliega como potencia-deseo, en su ejercicio produce y al producir se produce. La univocidad del ser desenvuelve una lógica donde las singularidades intensivas modalizan las diferencias sin referencia al uno como regente. Se opera un desplazamiento de importancia, la individuación deja de estar regida por el principio de identidad, no parte de los entes ya constituidos, de los individuos considerados de acuerdo al régimen de lo empírico. Se despliega un concepto de lo colectivo que expresa lo múltiple en su permanente singularización, una singularización colectiva. Desde esta perspectiva se aportan elementos conceptuales para una experiencia innovadora que estimula las relaciones de horizontalidad, de igualación y diferencia: igualación en relación al ser, diferencia como ejercicio de la potencia. Las diferencias no habilitan la jerarquía, nadie tiene la potestad de prevalecer. Las singularidades las expresan, ellas son inherentes a la existencia y enriquecen la vida comunitaria. Las singularidades actualizan lo colectivo, la racionalidad inmanente y productiva. A su vez, lo colectivo efectúa lo singular, expresa su potencia. Lo colectivo se plantea como puro poder de afectar y ser afectado, una territorialidad afectiva poblada por enjambres de singularidades intensivas. La potencia colectiva en su ejercicio activo disuelve las pertenencias apropiadoras para dar lugar a tramas afectivas abiertas a encuentros; disuelve las pretensiones organizativas, el propósito de hacer por y para la gente que siempre guarda ambiciones de dominio, para dar lugar a la auto-organización, al ejercicio del deseo productivo de las singularidades-colectivas. El colectivo deja de ser una instancia de representación, de mediación entre sus integrantes y de sus integrantes con “los otros”. Somos siempre “los otros” que se configuran como un nosotros en efectuaciones configurantes, en espacios intensivos, en mutación permanente. Surgen condiciones para otras modalidades existenciales colectivas, nuevas emergencias inventivas en resonancia con el tiempo, con la vida. 6- Una aproximación a la cuestión de la subjetividad.Cuando nos disponemos a abordar la cuestión de la subjetividad comienzan los problemas. Nos encontramos de inmediato en un ámbito donde se entrecruzan distintas prácticas y teorías, también, nuestra propia vida. Problematizar la subjetividad no incumbe a una sola disciplina, obliga a la apertura, a las conversaciones, a generar ámbitos de pensamientos abiertos y creativos. Desde nuestra perspectiva (ontología del devenir-acontecimiento), la problematización de la subjetividad impulsa a la pregunta y a la invención. Las preguntas, las problematizaciones, las invenciones son siempre singulares y colectivas, traen consigo la posibilidad de un ejercicio de pensamiento creativo, de nuevas configuraciones de nosotros mismos y del mundo. La problematización de la subjetividad nos permite entrever que es preciso soltar amarras. Abandonar la hegemonía de la grilla de inteligibilidad como única vía de pensamiento, como único modelo del mundo en la medida que ella culmina condicionando la experiencia, los modos de existencia, al sostener la forma-hombre(varón) como modo exclusivo de lo humano. En esta andadura es preciso tener en cuenta la fuerza de la lógica sustancial, aún vigente, a la hora de pensar las transformaciones subjetivas, la ética y la política. Su vigencia sostiene la privación y la separatividad, hace de los hombres y las mujeres seres carentes, finitos y separados de sí, de los demás y del mundo. La lógica sustancial remite a la forma como límite y determinación, dificulta las mutaciones, las modificaciones se presentan como una amenaza de desintegración y de desfondamiento. Por su parte, la mutabilidad propia de la vida nos fuerza a vislumbrar que la cuestión de la subjetividad no remite a una esencia formal del hombre, a una naturaleza humana eterna que permanece igual a sí misma en el transcurso de la historia universal, a la forma sujeto como algo ya dado que exige fidelidad a su propia identidad. En este punto, nos encontramos en una senda, en la cual, pensar la cuestión de la subjetividad, problematizar las prácticas, acciones y los decires, nos conduce a preguntarnos por lo que somos y estamos dejando de ser. También, prestar atención a nosotros mismos como seres singulares-colectivos, capaces de desplegar una potencia-deseo creativo como ejercicio genuino de libertad. La cuestión de la subjetividad, se vuelve proceso de subjetivación, se vincula al tiempo, al devenir, a los acontecimientos, a su actualización y efectuación; se vuelve modo de existencia, proceso múltiple de configuración gracias a la movilidad de una trama relacional y deviniente. Un proceso de subjetivación, es decir, la producción de un modo de existencia, no puede confundirse con un sujeto, a menos que se le despoje de toda identidad y de toda interioridad. La subjetivación no tiene ni siquiera que ver con la persona: se trata de una individuación, particular o colectiva, que caracteriza un acontecimiento (una hora del día, un viento, una vida). Se trata de un modo intensivo y no de un sujeto personal (Deleuze, 1995). 7- Spinoza: la esencia del ser humano consiste en su potenciaNuestras lecturas no dejan de estar cargadas de prejuicios. Se hace necesario desplegar un pensar en abierto y fundamentalmente, una disposición a la propia transformación, para abandonar los lugares comunes, las reiteraciones de lo mismo que interceptan la emergencia de lo nuevo y dificultan la creencia en el porvenir.
La potencia siempre es en acto y ella varía de acuerdo a nuestras afecciones, somos tan perfectos como podemos serlo de acuerdo a la trama relacional afectiva en la que nos encontramos. El juego de las afecciones, el poder de afectar y ser afectado genera aumento y disminución de la potencia, una variación intensiva que los afectos expresan. La disminución de la potencia se muestra en afectos de tristeza, de odio, que conducen a la discordia, a permanecer en la segregación. El aumento de la potencia se acompaña de afectos de alegría que impulsan relaciones de composición, de amorosidad. En otras palabras, cuando un cuerpo concuerda con nuestra naturaleza y su relación se compone con la nuestra aumenta nuestro poder de obrar, experimentamos alegría. Por el contrario, cuando un cuerpo no concuerda con nuestra naturaleza, la potencia de ese cuerpo se opone a la nuestra, operando una sustracción, disminuyendo nuestro poder de actuar, experimentamos tristeza. Spinoza concibe la potencia, el deseo como potencia-ser productiva. El pensamiento ético recobra su potencial vital, abandona la esfera de la moral, del bien y del mal, del sistema del juicio, la pretensión de sostener modelos que indican cómo comportarse. La ética se expresa en el ejercicio de la potencia, en los modos de existencia, en una peculiar relación consigo mismo y con los demás. Se despliegan así, las condiciones para una política afectiva que atienda a la vida singular de hombres y mujeres al retomar la propuesta ético-política inspirada por Spinoza, como generar las mejores condiciones para la apropiación, aumento y expansión de la potencia creadora de los hombres y mujeres: como realizar un ejercicio de deseo productivo como efectuación de libertad.
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![]() Alejandro Busto BertorelliPsicólogo formado en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Especializándose en terapias cognitivas, conductuales y contextuales. Ver perfil completo
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