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Resúmenes de Psicología Social

Facultad de Psicología, UdelaR
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Resumen del texto "Mora, M. (2002). La teoría de las representaciones sociales de Serge Moscovici."

2/21/2025

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Interaccionismo simbólico

Mead basa su Psicología social en la lectura de Darwin y la etnopsicología de Wundt. Y así mismo toma nociones del conductismo pero no se limita a las conductas observables. 

Mead plantea que los conductistas pasaron por alto lo que él define como el acto: ciertas características que tienen las cosas y ciertas experiencias que poseen los individuos pueden ser consideradas como acontecimientos dentro de un acto. Parte del acto reside dentro del organismo y sólo más tarde cobra expresión. Por tanto, la conducta es algo más amplio y más complejo que la mera conducta observable. Dentro del acto, afirma Mead, existe un campo que no es externo, sino que pertenece al acto, y hay características de esa conducta orgánica interna que se revelan en nuestras actitudes, especialmente las relacionadas con el habla.

El acto social es algo más complejo que el estímulo y la respuesta, “debe ser tomado como un todo dinámico -como algo que está sucediendo-, ninguna parte del cual puede ser considerada o entendida por sí misma, sino como un complejo proceso orgánico que se halla implícito en cada estímulo particular y en cada reacción individual involucrado en el. En este sentido, Mead dice que “nuestro enfoque es conductista, pero, a diferencia del conductismo watsoniano, reconoce las partes del acto que no aparecen a la observación externa, y pone el acento sobre el acto del individuo humano en situación social natural”. A su vez, agrega que para explicar la conducta consciente es necesario el estudio no solo de la perspectiva grupal o social sino también lo que ocurre en el comienzo del acto en relación incluso con el SNC.
​
Mead plantea que “la conciencia es un emergente de las conductas. La conciencia no es una precondición del acto social, el acto social es una precondición de la conciencia. El mecanismo del acto social puede ser rastreado sin necesidad de introducir en él la concepción de la conciencia como un elemento separable dentro de dicho acto; de ahí que el acto social, en sus etapas o formas más elementales, sea posible fuera o aparte de alguna forma de conciencia”.

Con el acto social, Mead plantea la existencia de un espacio interactivo, no biológico sino social, en las interacciones entre individuos, que es percibido en términos de significaciones, y por lo tanto su materia es el símbolo. Justamente el autor toma como unidad de análisis el “acto social”. Considera a este como la “unidad más primitiva” de su teoría, es el concepto-base de donde emergen todos los demás aspectos del análisis que hace.

El símbolo y su significado son propiedad de la situación interactiva, no estan afuera ni tampoco adentro. A su vez, la existencia de tal significado no implica necesariamente la consciencia del mismo, ya que esa existencia del significado se consigue simplemente a través de la simbolización.

Mead se centra en la acción humana, en el acto social. Para Mead el acto social siempre tiene un carácter reflexivo, en dos sentidos:
  1. en el sentido de la capacidad reflexiva del ser humano
  2. en el sentido reflexivo de influencias mutuas

Es decir, él plantea cómo el proceso de comprender algo va afectando la propia situación y a su vez va surgiendo de la propia situación en la que estamos actuando. La acción humana entonces no es previa, sino que se produce en la misma situación en la que estamos actuando.

Según Ritzer (1995), “la unidad de estudio era el acto porque comprende tanto aspectos encubiertos como aspectos descubiertos de la acción humana. Dentro del acto, la totalidad de las diferentes categorías de las psicologías ortodoxas tradicionales encuentran su lugar. La atención, la percepción, la imaginación, el razonamiento, la emoción, etc, son consideradas como parte del acto...el acto, pues, engloba todos los procesos implicados en la actividad humana”.

Para Mead, el acto social puede ser definido como: un acto en que la ocasión o estímulo que libera a un impulso se encuentra en el carácter o conducta de un individuo vivo que pertenece al ambiente específico del individuo que experimenta un impulso”. 

El acto social tiene entonces componentes externos e internos. El acto externo que observamos constituye una parte del proceso que se ha iniciado en el interior. (...) La conducta objetivamente observable encuentra expresión dentro del individuo, no en el sentido de encontrarse en otro mundo, un mundo subjetivo, sino en el sentido de hallarse dentro un organismo. Parte de esa conducta aparece en lo que podemos denominar “actitudes”, los comienzos de los actos. (...) Ciertas características que tienen las cosas y ciertas experiencias que poseen los individuos pueden ser consideradas como acontecimientos de un acto.

Mead identificó 4 fases fundamentales e interrelacionadas del acto social. Las 4 representan un todo orgánico, estan interrelacionadas dialécticamente:
  1. Impulso: se refiere a la necesidad de hacer algo como respuesta. Por ejemplo el hambre. En un impulso como el hambre también está involucrado el entorno. El impulso puede estar motivado por la presencia de comida en el entorno o por lo contrario, es decir, por su escasez o falta de disponibilidad. Así como en los demás elementos de la teoría de Mead, estan implicados tanto el actor como el entorno.
  2. Percepción: las personas perciben a través de los sentidos, pero implica no sólo estímulos sino también las imágenes mentales que crean. No se trata de una respuesta automática, existe un proceso de selección entre todos los estímulos, de elección entre todos los que se perciben. Es el acto de percibir un objeto lo que hace que sea un objeto para la persona; la percepción y el objeto, dialécticamente relacionados, no pueden separarse uno de otro.
  3. Manipulación: es la acción que la persona emprende con respecto al objeto percibido. Está fase supone una pausa durante la cual los humanos estudian elegir una respuesta entre varias. En este proceso de elección cuentan las experiencias pasadas, pero también el futuro, es decir, las consecuencias de su acción.
  4. Consumación: se refiere a la consumación del acto, es decir, equivale a emprender la acción que satisface el impulso original.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que a pesar de está presentación del concepto de acto social en fases sucesivas, Mead mantenía que existía una relación dialéctica entre las fases. No se trata de un proceso lineal sino que los aspectos de cada fase estan presentes en todo momento desde el principio hasta el final del acto, de manera que cada fase afecta a las demás.

Mead lo plantea de está forma:
El acto social no es explicado construyendolo a partir de estímulo más reacción, debe ser tomado como un todo dinámico -como algo que está sucediendo- ninguna parte del cual puede ser considerada o entendida por sí misma- como un complejo proceso orgánico que se halla implícito en cada estímulo particular y en cada reacción individual involucrados en el. (...) Las etapas posteriores del acto estan presentes en las primeras etapas, no simplemente en el sentido de que estan preparadas para ponerse en funcionamiento, sino en el de que sirven para controlar el proceso mismo. Ellas determinan cómo nos acercamos al objeto, y los pasos de nuestra primera manipulación del mismo. Podemos reconocer, pues, que la inervación de ciertos grupos de células del sistema nervioso central puede iniciar, de antemano, las etapas posteriores del acto. El acto, como conjunto, puede estar presente determinando el proceso.

El gesto es, para Mead, el mecanismo básico del acto social en particular y del proceso social en general.
El gesto representa cierta resultante del acto social, una resultante con respecto a la cual existe una reacción definida por parte de los individuos involucrados en ella; de modo que la significación es dada o expresada en términos de reacción.

El factor central de lo anteriormente planteado es la significación, la cual:
Surge y reside dentro del campo de la relación entre el gesto de un organismo humano dado y la subsiguiente conducta de dicho organismo, en cuanto es indicada a otro organismo humano por ese gesto. Si el gesto indica efectivamente a otro organismo la conducta subsiguiente (o resultante) del organismo dado, entonces tiene significación. En otras palabras, la relación entre un estímulo determinado -como gesto- y las fases posteriores del acto social de las que es una de las primeras fases (si no la inicial) constituye el campo dentro del cual se origina y existe significación.

Acerca de la estructura lógica de la significación, Meade plantea que:
Puede ser encontrada en la triple relación del gesto con la reacción de adaptación y la resultante del acto social dado. La reacción por parte del segundo organismo al gesto del primero es la adaptación (en tanto inteligencia) -y hacer surgir la significación- de dicho gesto como indicador de la resultante del acto social que inicia y en el que ambos organismos quedan de tal modo involucrados. Está relacion triple entre el gesto, la reaccion de adaptacion y la resultante del acto social que el gesto inicial, es la base de la significación; porque la existencia de la significación depende del hecho de que la adaptación del segundo organismo se dirija hacía la resultante del acto social dado tal como es iniciada e indicada por el gesto del primer organismo. Así la base de la significación está objetivamente presente en la conducta social o en la naturaleza en su relación con tal conducta.

Como decíamos antes, Mead plantea la existencia de un espacio interactivo, no biológico sino social, en las interacciones entre individuos, que es percibido en términos de significaciones. El argumento básico de Mead es que en este espacio interactivo radican los símbolos y sus significados, por lo que solo ahí puede formarse la mente, conformada en el proceso de la comunicación. Los individuos no existen como tales sino como la persona (Self), cuyo tamaño abarca su espacio social teniendo a la sociedad como fondo. En consecuencia, Mead enfatiza dos características de está interacción:
  1. quién se comunica puede comunicarse consigo mismo
  2. está comunicacion crea la realidad

En este sentido, el habla significante se refiere a que el individuo que escucha una palabra emplea, en cierto sentido, esa misma palabra con referencia a sí mismo. El proceso de dirigirse a otra persona es un proceso de dirigirse también a uno mismo, y de provocar en sí la reacción que provoca en el otro.

Mead coloca a la intersubjetividad dentro de lo que llama conversación interior, el pensamiento, y plantea que está constituido por 3 interlocutors:
  1. el Yo: que actúa, se aparece, emerge de repente y sin aviso.
  2. el Mi: constituye el percatamiento de lo que hizo el Yo.
  3. el Otro: es el bagaje de criterios con que cuenta el Mi para evaluar los actos espontáneos de ese Yo. Para Mead, el Otro es un Otro Generalizado, en tanto corresponde a la colectividad, a la realidad social, a la comunicación en la cual el Yo y el Mi existen.

En síntesis, el Mi supone asumir el punto de vista colectivo con respecto a uno mismo, y el Otro Generalizado es la gran colectividad con la que uno se relaciona y que tiende a ser interiorizada: la sociedad crea a los individuos. 

Para Mead, la función fundamental de los gestos es social: los gestos son el principio de los actos sociales, dado que sirven de estímulos para que otros puedan responder.

El objeto social es aquel que se corresponde con todas las partes del acto social, aun cuando dichas partes se encuentren en las conductas de diferentes individuos. Un objeto social completo solo es posible en grupos humanos.

Mead plantea que “la especialización del ser humano dentro de este campo del gesto ha sido responsable, en definitiva, del origen y desarrollo de la actual sociedad humana y de sus conocimientos, con todo el dominio sobre la naturaleza y sobre el medio humano que hace posible la ciencia.

De entre todos los gestos significantes, los gestos vocales son particularmente importantes. Solo el gesto vocal está adaptado para está clase de comunicación, porque es el único al cual uno reacciona o tiende a reaccionar como lo hace otra persona, sin embargo, no todos los gestos vocales humanos son significantes. Un gruñido, por ejemplo, no lo es. Lo son los que constituyen el lenguaje. Es el lenguaje el factor más importante que hizo posible el desarrollo de la vida humana en sociedad.

El lenguaje es parte de la conducta social. Mead considera el lenguaje como un principio de organización social, que ha hecho posible a la sociedad distintivamente humana. Lo que el lenguaje parece expresar es una serie de símbolos que responden a cierto contenido mensurablemente idéntico en la experiencia de los distintos individuos. Si ha de haber comunicación como tal, el símbolo tiene que significar lo mismo para todos los individuos involucrados.

Sin embargo, las peculiaridades de la comunicación específicamente humana no son solo las causantes de la organización social del ser humano, sino también de la aparición del self y la mente. El mecanismo de la comunicación es el principio y base estructural de la emergencia del self (sí mismo) y de la mente y a la vez, es la base de la socialidad natural tal como está aparece en el nivel humano de conducta.

Para la configuración del self y de la mente, la sociedad tiene una importancia central para Mead.

En el pensamiento de Mead, los responsables de la evolución son factores biológicos y sociales. De esa forma habría así un peso del evolucionismo de Darwin, pero con una diferencia fundamental: Mead le añade el factor de interacción social como otro de los responsables de dicha evolución.

El ser humano adquiere conciencia de sí mismo a través de la comunicación lingüística, del intercambio de gestos significativos, con otros seres humanos. Así, lo social queda indudablemente ligado a lo individual, de tal manera que sin la presencia y la contribución de los otros individuos sería difícil adquirir la autoconciencia.

En este sentido, para Mead, los demás son una condición sine qua non para conseguir la conciencia del sí mismo.

Lo que Mead defiende es entonces la teoría interaccional, la interacción recíproca entre la sociedad y el sí mismo: ni la sociedad humana podría existir sin mentes y sí mismos, ni las mentes y sí mismos podrían surgir sin la sociedad humana.

Los procesos mentales y la mente: Mead plantea el tema de la mente en términos de procesos más que de estructuras o contenidos. La mente, no es algo biológico, o un órgano determinado del cuerpo, sino un proceso a través del cual mediante significados de percepción y comunicación, los seres humanos seleccionan e interiorizan el significado.

Pero ¿qué es lo que se entiende por mente? ¿la reflexión?, ¿la conciencia? La respuesta más apropiada es que el término mente puede corresponder a ambas.

En la perspectiva de Mead, existen diversos niveles de conciencia desde las sensaciones de algunos animales hasta la conciencia simbólica humana. El nivel más bajo de conciencia iría unido a las percepciones. Hay otro tipo de conciencia que es específicamente humana: la que va unida al significado. Ésta implica la capacidad del lenguaje y la capacidad de mantener una conversación interna. Pero en Mead, además de está acepción de mente, tenemos otra, que trata de la inteligencia reflexiva o conciencia reflexiva, es la forma más alta de conciencia que aparece a través del uso de símbolos significantes. Este tipo de conciencia es además la que nos permite unir pasado, presente y futuro dado que, aprovechamos las experiencias del pasado, adoptamos una decisión entre varias, teniendo en cuenta sus implicaciones para el futuro. Además está capacidad de prever las consecuencias de nuestras decisiones en el futuro, puede modificar nuestras decisiones en el presente. La inteligencia reflexiva es pues uno de los aspectos fundamentales de la mente que explica la diferencia de la conducta animal y la del hombre: la reflexividad del hombre le permite anticipar el futuro, imaginar una situación de futuro y tomar decisiones tendentes a construir ese futuro. Lo más importante de la inteligencia reflexiva de los humanos es su capacidad de inhibir temporalmente la acción, de demorar sus reacciones ante los estímulos.

Así, para Mead y los interaccionistas simbólicos, la mente deriva de la interacción en el siguiente sentido:

A través del proceso interactivo de socialización, el individuo desarrolla el lenguaje y la habilidad de tomar el rol de los otros, y de tratar al sí mismo como objeto. El lenguaje y la existencia de un self que participa en el diálogo interno capacita al animal humano a situarse a sí mismo en el futuro, y a imaginar las consecuencias de su conducta, convirtiéndose por ello en una criatura que planifica, esto es, en una criatura con mente. 

Mead no tiene una concepción espacial de la mente, no se trata de algo físico localizable en el cerebro, sino que tiene una concepción funcional de relación entre el individuo y los objetos (el entorno). La mente es entonces un fenómeno social. Surge y se desarrolla dentro del proceso social y es una parte fundamental del mismo. Así el proceso social precede a la mente y no es un producto de está.

La mente entonces, para Mead, significa la organización de nuestras experiencias, de nuestras actitudes, pero no significa la conciencia de sí, la autoconciencia de sí mismo o el hacerse a sí mismo objeto para sí. La mente es esencial al sí mismo, es una condición para su surgimiento, pero ambos términos no son idénticos. Sí mismo significa la capacidad de verse desde los otros, de integrar las perspectivas de los otros en un objeto para sí mismo.

Para el Interaccionismo Simbólico el sí mismo es un producto social, sería la interiorización de la imagen que los otros tienen de uno mismo, sería una especie de espejo de cómo nos ven los otros. Mead lo expresa así:
La persona es algo que tiene desarrollo, no está presente inicialmente, en el nacimiento, sino que surge en el proceso de la experiencia y las actividades sociales, es decir, se desarrolla en el individuo dado, como resultado de sus relaciones con ese proceso como un todo y con los otros individuos que se encuentran dentro de ese proceso. El individuo se experimenta a sí mismo como tal, desde el punto de vista particular de los otros miembros individuales del mismo grupo social, o desde el punto de vista generalizado del grupo social, en cuanto un todo.

El “Mi” y el “Yo”: Las actitudes de los otros constituyen el “mi” organizado, y uno reacciona entonces frente a este como un “yo”. El “mi” es, entonces, el aspecto del sí mismo del que el individuo es consciente en una situación dada.

El “yo” sería la parte individual de cada sujeto, ya que constituye la reacción de cada uno ante cada situación tal y como es percibida por él. Por su parte el “mi” sería el resultado del proceso de analizarse a sí mismo desde el punto de vista de los demás.

El otro generalizado: La comunidad o grupo social organizados que proporciona al individuo su unidad de persona pueden ser llamados “el otro generalizado”. La actitud del otro generalizado es la actitud de toda la comunidad. Es en la forma del otro generalizado que los procesos sociales influyen en la conducta de los individuos involucrados en ellos y que los llevan a cabo, es decir, que es en esa forma que la comunidad ejerce su control sobre el comportamiento de sus miembros individuales; porque de esa manera, el proceso o comunidad social entra, como factor determinante, en el pensamiento del individuo.

El “mi” sería así el “deber ser”, la manera de concretarse el control social puesto en que cada sujeto va interiorizando las actitudes que el “yo generalizado” proyecta hacía él. Para Sanchez de la Yncera (1994) el “otro generalizado” en Mead no es otra cosa que la organización de las expectativas normativas generales que constituyen una comunidad. Por eso, este es para él, con buen fundamento, el elemento central del control social.

“Y es así como el control social, en cuanto funciona en términos de autocrítica, se ejerce tan íntima y extensamente sobre la conducta individual, sirviendo para integrar al individuo con sus acciones, con referencia al proceso social organizado de la experiencia y la conducta el cual él está involucrado. Gracias a la autocrítica, la fiscalización social sobre la conducta individual opera en virtud del origen y base sociales de tal crítica. Es decir: la autocrítica es esencialmente crítica social, y la conducta controlada por la autocrítica es en esencia conducta controlada socialmente.

En la interpretación de Úriz (1993) el “yo” es el aspecto activo del sí mismo, mientras que el “mi” es el aspecto pasivo, conservador, que interioriza las actitudes de los otros. Lo característico de la respuesta del “Yo” es su carácter novedoso, incierto, que constituye la especificidad del “yo”. De está característica del “yo” proviene la capacidad de iniciativa, de novedad, que se puede observar en la conducta humana.

Recapitulando, los aporte más significantes de Mead a las ciencias sociales:
  • Enfatiza la noción de una realidad simbólica distinta de una probable realidad natural; susceptible de creación, de transformación y de destrucción.
  • Anticipa la visión epistemológica que cuestiona lo que es o no científico por medio del consenso significativo y el criterio de objetividad científica como una construcción simbólica
  • Su análisis de la sociedad contempla la posibilidad de la incorporación total del individuo a un universo de razón, actividad consciente y voluntaria, hacía una esfera pública no restrictiva
  • La naturaleza social del lenguaje y la naturaleza simbólica de la sociedad, dejan de ser objeto de especulación filosófica haciéndose accesibles al análisis empírico

Blumer (1982), fundamenta su teoría sobre el interaccionismo simbólico en la obra de Mead y sostiene 3 premisas:
  1. El ser humano orienta sus actos hacía las cosas en función de lo que estas significan para el
  2. El significado de estas cosas surge como consecuencia de la interacción social
  3. Los significados se manipulan y modifican mediante un proceso interpretativo desarrollado por la persona al enfrentarse con las cosas que va hallando a su paso.

Blumer sostiene que, además, la objetividad social no debe disociarse nunca de la subjetividad de los actores. Metodológicamente,el investigador debe siempre enfocar el mundo a través de los ojos del actor, y no suponer que aquello que él observa “es idéntico a lo que el actor observa en la misma situación.

Bibliografía

  • Mora, M. (2002). La teoría de las representaciones sociales de Serge Moscovici. Athenea Digital, 1 (2), 1- 25.
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