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Resúmenes de Psicología Social

Facultad de Psicología, UdelaR
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Resumen del texto "Freud, S. (1993). Psicología de las masas y análisis del yo."

2/21/2025

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La oposición entre psicología individual y psicología social o de las masas, que a primera vista quizás nos parezca muy sustancial, pierde buena parte de su nitidez si se la considera más a fondo. En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social.

De acuerdo a los aportes de Melanie Klen, estas relaciones sociales externas se internalizan, y forman vínculos internos, que reproducen en el ámbito del Yo relaciones grupales o ecológicas. En este sentido, toda la vida mental inconsciente debe ser considerada como la interacción entre objetos internos (grupo interno), en permanente interrelación dialéctica con los objetos del mundo exterior.

La relación del individuo con sus vínculos tiene derecho a reclamar que se la considere fenómeno social. Ahora bien, cuando se habla de psicología social o de las masas, se suele prescindir de estos vínculos y distinguir como objeto de la indagación la influencia simultánea ejercida sobre el individuo por un gran número de personas con quienes está ligado por algo. Por tanto, la psicología de las masas trata del individuo como miembro de un linaje, de un pueblo, o como integrante de una multitud organizada en forma de masa durante cierto lapso y para determinado fin. Parecería indicado considerar los fenómenos que se muestran bajo estas particulares condiciones como exteriorizaciones de una pulsión especial, la pulsión social, que en otras situaciones no se expresaría, sin embargo, es difícil que deba adjudicarse al factor numérico -de las personas- una importancia tan grande, hasta el punto de que fuera capaz de suscitar por sí solo en la vida anímica una pulsión nueva, inactiva en otra circunstancia. Por eso lo más acertado es inclinarse más bien en favor de que la pulsión social no sea originaria e irreductible, sino que sus comienzos se puedan hallar en los círculos estrechos, como el de la familia. 
​
Le Bon plantea:
He aquí el rasgo más notable de una masa psicológica: cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser su modo de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el mero hecho de hallarse transformados en una masa los dota de una especie de alma colectiva en virtud de la cual sienten, piensan y actúan de manera enteramente distinta de como sentiría, pensaría y actuaría cada uno de ellos en forma aislada. Hay ideas y sentimientos que solo emergen o se convierten en actos en los individuos ligados en masas. La masa psicológica es un ente provisional que consta de elementos heterogéneos; estos se han unido entre sí durante un cierto lapso, tal como las células del organismo forman, mediante su unión, un nuevo ser que muestra propiedades muy diferentes que sus células aisladas.

Es fácil verificar la gran diferencia que existe entre un individuo perteneciente a una masa y un individuo aislado, pero es más difícil descubrir las causas de esa diferencia. Para llegar al menos a entreverlas es necesario recordar que los fenómenos inconscientes desempeñan un papel preponderante no solo en la vida orgánica, sino también en el funcionamiento de la inteligencia.

Nuestros actos conscientes derivan de un sustrato inconsciente creado en lo fundamental por influencias hereditarias. Este sustrato incluye las innumerables huellas ancestrales que constituyen el alma de la raza. La mayoría de nuestras acciones cotidianas son efecto de motivos ocultos, que escapan a nuestro conocimiento.


Entonces, para Le Bon, en la masa, desaparecen las adquisiciones de los individuos y, por tanto, su peculiaridad. Aflora el inconsciente racial, lo heterogéneo se hunda en lo homogéneo. Diríamos que la superestructura psíquica desarrollada tan diversamente en los distintos individuos es desmontada, despotenciada, y se pone al desnudo (se vuelve operante) el fundamento inconsciente, uniforme en todos ellos.

Le Bon halla que los individuos también muestran nuevas propiedades que no habían poseído hasta entonces, y busca la razón de ello en 3 factores:
  • La primera causa consiste en que dentro de la masa el individuo adquiere, por el solo hecho del número, un sentimiento de poder invencible que le permite entregarse a instintos que, de estar solo, habría sujetado forzosamente. Por ser la masa anónima, desaparece totalmente el sentimiento de la responsabilidad que frena de continuo a los individuos.

Para Freud, por otro lado, el individuo, al entrar en la masa queda sometido a condiciones que le permiten echar por tierra las represiones de sus mociones pulsionales inconscientes. Las exteriorizaciones de ese inconsciente contiene, como disposición constitucional, toda la maldad del alma humana; en estas circunstancias, la desaparición de la conciencia moral o del sentimiento de responsabilidad no ofrece dificultad alguna.
  • La segunda causa, el contagio, contribuye igualmente a hacer que en las masas se exterioricen rasgos especiales y, al mismo tiempo, a marcar la orientación de estos. El contagio es un fenómeno fácil de comprobar, pero inexplicable. En la multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, y en grado tan alto que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al interés colectivo. Está aptitud es enteramente contraria a su naturaleza, y el ser humano solo es capaz de ella cuando integra una masa.
  • La tercera causa es la más importante, y determina en los individuos de una masa particulares propiedades, muy opuesta a veces a las del individuo aislado, está es la sugestionabilidad, de la cual el contagio es solo un efecto. Algunas observaciones parecen demostrar que el individuo inmerso durante cierto lapso en una masa activa muy pronto se encuentra en un estado singular, muy próximo a la fascinación en la que cae el hipnotizado bajo la influencia del hipnotizador. La personalidad consciente desaparece por completo, la voluntad y el discernimiento quedan abolidos. Sentimientos y pensamientos se orientan en la dirección que les exprime el hipnotizador. Tal es el estado del individuo perteneciente a una masa psicológica. No tiene ya conciencia de sus actos. En el, lo mismo que en el hipnotizado, al par que ciertas aptitudes se encuentran neutralizadas, otras pueden elevarse hasta un grado extremo de exaltación. Este impulso es todavía más irrefrenable en las masas que en el hipnotizado, porque siendo la sugestión idéntica para todos los individuos que la componen, se acrecienta por la reciprocidad, es decir, el efecto de contagio que los individuos ejercen unos sobre otros y por el cual se refuerza la sugestión originaria.

Los principales rasgos del individuo integrante de la masa son, entonces: la desaparición de la personalidad consciente de los sentimientos e ideas en el mismo sentido por sugestión y contagio, y la tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas. El individuo deja de ser el mismo; se ha convertido en un autómata carente de voluntad.

Para Freud, ni el contagio ni la sugestionabilidad acrecentada se encuentran en el mismo nivel de igualdad, ya que el contagio ha de ser una exteriorización de la sugestionabilidad. Además considera, que los efectos de ambos factores no estan nítidamente separados. Sin embargo, está de acuerdo, en que los fenómenos de sugestión en la masa remiten a una fuente externa.

Descripción del alma de las masas

Le Bon plantea que el alma de las masas coincide con la vida anímica de los primitivos y de los niños. La masa es impulsiva, voluble y excitable. Es guiada casi con exclusividad por lo inconsciente. Los impulsos a que obedece pueden ser nobles o crueles, heroicos o cobardes, pero son tan imperiosos que nunca se impone lo personal, ni siquiera el interés por la autoconservación. Nada en ella es premeditado. La masa no soporta dilación entre su apetito y la realización de lo apetecido. Abriga un sentimiento de omnipotencia, el concepto de lo imposible desaparece para el individuo inmerso en ella.

La masa es extraordinariamente influible y crédula; es acrítica, lo improbable no existe para ella. Piensa por imágenes que se evocan asociativamente unas a otras, tal como sobrevienen al individuo en los estados de libre fantaseo; ninguna instancia racional mide su acuerdo con la realidad. 

Pasa pronto a los extremos, la sospecha formulada se le convierte enseguida en certidumbre incontrastable.

Puesto que la masa no abriga dudas sobre lo verdadero o lo falso, y al mismo tiempo tiene la conciencia de su gran fuerza, es tan intolerante como obediente ante la autoridad. Respeta la fuerza, y sólo en escasa medida se deja influir por las buenas maneras, que considera signo de debilidad. Lo que pide de sus héroes es fortaleza, y aún violencia. Quiere ser dominada y sometida, y temer a sus amos. Totalmente conservadora en el fondo, siente profunda aversión hacía las novedades y progresos, y una veneración sin límites por la tradición.

La moralidad de las masas: al reunirse los individuos de la masa, desaparecen todas las inhibiciones y son llamadas a una libre satisfacción pulsional todos los instintos crueles, brutales, destructivos, que dormitan en el individuo como relictos del tiempo primordial. 


Freud dice, en cambio, que mientras que el rendimiento intelectual de la masa es siempre muy inferior al del individuo, su conducta ética puede tanto sobrepasar con creces ese nivel como quedar muy por debajo de el.

Le Bon plantea que las masas no conocen la sed de la verdad. Piden ilusiones, a las que no pueden renunciar. Lo irreal siempre prevalece sobre lo real, lo irreal las influye casi con la misma fuerza que lo real. Su visible tendencia es no hacer distingo alguno entre ambos.

En esto último, Freud encuentra un síntoma de la neurosis, ya que para los neuróticos, no vale la realidad objetiva, corriente, sino la realidad psíquica.

Le Bon plantea que tan pronto como unos seres vivos se encuentran reunidos en cierto número, sean animales o humanos, se ponen instintivamente bajo la autoridad de un jefe. La masa es un rebaño obediente que nunca podría vivir sin señor- Tiene tal sed de obedecer que se subordina instintivamente a cualquiera que se designe su señor.
Este “señor” tiene que corresponderle con ciertas propiedades personales. Para suscitar la creencia de la masa, el mismo tiene que estar fascinado por una intensa creencia (en una idea), debe poseer una voluntad poderosa, imponente, que la masa sin voluntad le acepta.
Esas ideas, así como sus conductores, tienen un poder misterioso, irresistible, que Lebon denomina como “prestigioso”. El prestigio es una suerte de imperio que ejerce sobre nosotros un individuo, una obra o una idea. Paraliza por completo nuestra capacidad de crítica y nos llena de asombro y respeto.


Dos masas artificiales: iglesia y ejército (teoría de Freud)

Lo que une a las masas, para Freud, son:
  • La libido: concepto de amor ampliado, extenso. Liga a los miembros entre sí y con el líder. Proviene de la teoría de la afectividad.
  • La identificación: procesos inconscientes. Primera manifestación de enlace afectivo en las personas. Es una condición de posibilidad para que haya sujeto.

Hay distintos tipos de identificaciones:
  • Edípica: se introyectan rasgos del padre (objeto ideal) para ser como él.
  • Neurosis histérica: se asimilan rasgos de la persona amada
  • Formación de masa: se reduce una coincidencia entre varios Yo al colocar en el ideal del Yo el mismo objeto, idea, persona.

En las masas, cada individuo tiene una doble ligazón libidinosa: con el conductor y con los otros individuos de la masa.

El conductor es muy importante para la psicología de las masas, ya que a través de este se explica el principal fenómeno de la psicología de las masas: la falta de libertad del individuo dentro de ellas. Si todo individuo está sujeto a una ligazón afectiva tan amplia en dos direcciones, no nos resultará difícil derivar de ese nexo la alteración y la restricción observada en su personalidad.

Otro indicio que la esencia de una masa consiste en las ligazones libidinosas existentes en ella nos lo proporciona también el fenómeno del pánico.

El pánico se genera cuando una masa de está clase (artificial) se descompone. Lo caracteriza el hecho de que ya no se presta oídos a orden alguna del jefe, y cada uno de los individuos cuida por sí sin miramiento por los otros. Los lazos recíprocos han cesado, y se libera una angustia enorme, sin sentido.

La identificación

El psicoanálisis conoce la identificación como la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona. Desempeña un papel en la prehistoria del complejo de Edipo. El varón manifiesta un particular interés hacía su padre; querría crecer y ser como él, hacer sus veces en todos los terrenos. Digamos, simplemente: toma al padre como su ideal.

Con su madre muestra una directa investidura sexual de objeto, con el padre, una identificación que lo toma por modelo. Ambos coexisten un tiempo, sin influirse ni perturbarse entre sí. Pero la unificación de la vida anímica avanza sin cesar, y a consecuencia de ella ambos lazos confluyen a la postre, y por esa confluencia nace el complejo de Edipo normal. El pequeño nota que el padre le significa un estorbo junto a la madre; su identificación con él cobra entonces una tonalidad hostil.

Entonces, desde el comienzo mismo, la identificación es ambivalente; puede darse vuelta hacía la expresión de la ternura o hacía el deseo de eliminación.

La ligazón recíproca entre los individuos de la masa tiene la naturaleza de una identificación, y a su vez, esa comunidad (la masa) reside en el modo de la ligazón con el conductor.

En la masa, en sus integrantes hay lazos que juntan a las personas, que las hacen estar enlazadas entre sí, pero al mismo tiempo se produce una coincidencia entre los Yo de las personas. Esa coincidencia tiene que ver con colocar en su Yo aspectos o trozos del mismo objeto, idea o persona.

Esto ocurre cuando las personas usan ese objeto, idea o persona, en tanto que es lo que quieren seguir, como parte del ideal de su Yo. Es decir, cada persona usa eso que quieren seguir como parte del ideal de su propio Yo, y coincidentemente es lo mismo para todos. Por ejemplo, “la bondad” de Dios, es un rasgo que las personas religiosas toman como un parte del ideal de su Yo, y en ese sentido, todos siguen esa bondad, he ahí la formación de la masa religiosa. (Este ejemplo puede estar mal, lo hice yo a partir de la lectura)

Otra forma de decirlo, todos los Yo de las personas integrantes de la masa se ligan entre sí libidinalmente usando para sí, entre todos, unos aspectos que lideran eso con lo que ellos se identifican.

Freud explica el Ideal del Yo de la siguiente manera:

“mientras que el Yo obedece al SuperYó por miedo al castigo, se somete al ideal del Yo por amor”.

En relación al origen de las dos instancias psíquicas, Freud dice “el ideal del Yo se formaria principalmente sobre la imagen de los objetos amados y el superyó sobre la de los personajes temidos”.

Así mismo, D. Lagache plantea que “el superyó corresponde a la autoridad, y el ideal del Yo a la manera en que el sujeto debe comportarse para responder a lo que espera la autoridad”

En este sentido, en los integrantes de la masa hay una doble ligazón:
  1. Hay un proceso identificatorio con el “jefe/idea”, que es colocado en el lugar del ideal del Yo, y como cada miembro hace eso, todos los ideales del Yo de cada miembro quedan conectados entre ellos, y ahí se produce la homogeneidad en la masa, por eso es que una formación de masa nos produce como iguales.
  2. Hay una zona de comunión afectiva entre los integrantes, que tiene que ver con el “ser parte de” una masa o unas masas

Bibliografía

  • Freud, S. (1993). Psicología de las masas y análisis del yo (capítulos 1, 2, 5 y 7). En: Obras Completas vol. 18 (pp. 63- 77, 89- 94, 99- 104). Ed. Amorrortu.
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