Resumen de "Torres, A. (2013). La comunidad como campo problemático"Resumen de "Torres, A. (2013). La comunidad como campo problemático"7/29/2026Autor: Alejandro Busto Bertorelli Índice
Particularidades de pensar a la comunidad como campo problemático, en los contextos de latinoamérica y europeoEn general, el análisis de la comunidad como un campo problemático en el contexto latinoamericano se caracteriza por una serie de particularidades. Una de ellas es la importancia de la historia y la memoria colectiva en la construcción de la identidad de la comunidad. Además, en Latinoamérica, la comunidad está íntimamente ligada a la lucha contra la opresión y la exclusión, y se concibe como una forma de resistencia y emancipación frente a la dominación colonial y capitalista. Se centra en la dinámica interna de la comunidad, sus relaciones sociales y culturales, y su relación con la lucha contra la opresión y la exclusión. En este sentido, la comunidad se entiende como una construcción social y política, y se reconoce su papel en la resistencia y la emancipación frente a la dominación colonial y capitalista. Por otro lado, en los análisis europeos, la comunidad se entiende a menudo como una entidad homogénea y estática, lo que puede dificultar la comprensión de las dinámicas y tensiones internas que existen en cualquier comunidad. Además, en Europa, la comunidad suele estar más asociada a una dimensión territorial y local, mientras que en Latinoamérica, la comunidad puede ser entendida de manera más amplia, como una red de relaciones sociales que trascienden los límites territoriales. En resumen, pensar la comunidad como un campo problemático en el contexto latinoamericano implica tener en cuenta estas particularidades y comprender la complejidad de las dinámicas sociales y culturales que la conforman, así como su relación con la historia, la política y la lucha por la justicia social. Si la comunidad se entiende como una manifestación de una crisis más amplia de la sociedad, se la considera como un objeto de estudio y una fuente de problemas sociales. En este sentido, la comunidad se ve como algo externo y separado de la sociedad en general, y su análisis se enfoca en los conflictos y las tensiones que emergen en su interior. Preguntas que guían la lectura y se centran en los temas principales del texto¿A qué se refiere cuándo hace mención a la noción de "síntoma comunitario" que retoma del sociólogo español Marinas?La noción de "síntoma comunitario" retomada del sociólogo español Marinas se refiere a cómo lo comunitario emerge como una alternativa frente a las desigualdades y conflictos generados por el contexto neoliberal capitalista y la globalización. Sin embargo, Marinas plantea que estos movimientos comunitarios a menudo se convierten en manifestaciones antidemocráticas, que utilizan la idea de comunidad y su efecto aparentemente armónico para imponer una lógica hegemonizadora y totalizadora, sin abordar de manera efectiva los problemas subyacentes. De esta manera, el concepto de "síntoma" sugiere que lo comunitario emerge recurrentemente como una aparente solución a problemas, pero en realidad no resuelve las cuestiones fundamentales, sino que puede generar nuevas complicaciones, conflictos y desigualdades. Es importante destacar que esta visión de lo comunitario como síntoma tiene una perspectiva negativa, que invisibiliza su dimensión reivindicativa, emancipadora e instituyente. El autor sostiene que existen movimientos comunitarios en América Latina que muestran estas dimensiones positivas, y que van más allá de la imposición de una lógica hegemónica. Estos movimientos comunitarios buscan efectivamente abordar las problemáticas subyacentes y promover cambios sociales y políticos en beneficio de la comunidad. En resumen, la noción de "síntoma comunitario" de Marinas hace referencia a cómo lo comunitario puede surgir como una aparente solución a problemas, pero también puede tener efectos negativos y convertirse en movimientos antidemocráticos. Es importante reconocer tanto las limitaciones como las potencialidades de lo comunitario en su rol como alternativa frente a las desigualdades y conflictos en la sociedad contemporánea. ¿De qué manera los temas de la comunidad o lo común se han constituido en un problema recurrente en el pensamiento social y filosófico?La problemática de los temas de la comunidad o lo común en el pensamiento social y filosófico ha sido diversa y recurrente, según señala Torres (2013). Una de las problemáticas principales radica en la esencialización del concepto de comunidad como un orden social armónico, basado en vínculos pacíficos e idealizado, donde se concibe a todos sus miembros como iguales. Esta concepción de la comunidad como una entidad homogénea e idealizada, sin considerar su heterogeneidad y conflictos internos, ha sido problemática en el pensamiento filosófico y social. Además, esta concepción esencializada de la comunidad ha generado una dicotomía con la noción de sociedad, entendida como una totalidad social más abstracta, impersonal y negativa en el pensamiento filosófico occidental. Esta dicotomía entre comunidad y sociedad ha llevado a una visión simplificada y estereotipada de ambos conceptos, creando una ficción sociohistóricamente construida que se presenta como una supuesta realidad. Esta perspectiva, que idealiza la comunidad y la opone a la sociedad, ha sido problemática en el pensamiento social y político, ya que puede generar sesgos y dar lugar a movimientos comunitarios antidemocráticos. Estos movimientos comunitarios, basados en la búsqueda de una comunidad idealizada y en el sentimiento que esta noción produce, pueden agravar las desigualdades y exclusiones sociales. En lugar de promover una verdadera comunidad basada en la diversidad, la inclusión y el respeto a los derechos de todos sus miembros, estas concepciones esencializadas de la comunidad pueden reforzar divisiones sociales y perpetuar exclusiones. En conclusión, la problemática de los temas de la comunidad o lo común en el pensamiento social y filosófico radica en la esencialización de la comunidad como una entidad homogénea e idealizada, en contraposición a la sociedad, y en la ficción sociohistóricamente construida que presenta esta visión como una supuesta realidad. Esto puede generar sesgos y dar lugar a movimientos comunitarios antidemocráticos, que perpetúan exclusiones sociales. Es importante tener en cuenta la complejidad y heterogeneidad de la comunidad, así como promover una visión inclusiva y respetuosa de la misma. ¿Qué tienen para aportar las experiencias que se producen en y desde el sur a los debates sobre lo común y sobre la comunidad?Según Torres (2013), las experiencias que se producen en y desde el sur, en particular en Latinoamérica, aportan una visión diferenciada a los debates sobre lo común y la comunidad. Aunque el autor reconoce que también existen movimientos en la región que podrían considerarse antidemocráticos, hay una proliferación de diversas expresiones colectivas en nombre de la comunidad que conllevan potencialidades instituyentes y emancipadoras. Estos movimientos se caracterizan por su resistencia, movilización y propuestas en oposición a la lógica mercantil predominante en la vida cotidiana, así como a la imposición de la lógica liberal y las racionalidades y modos de vinculación que esta imposición conlleva. En contraste con los análisis europeos, Torres señala que las experiencias latinoamericanas de defensa y reivindicación de algunas comunidades aportan una forma alternativa de concebir la comunidad. En lugar de esencializar o homogeneizar la noción de comunidad, estas experiencias permiten una comprensión más compleja y diversa de la misma. Las comunidades en Latinoamérica buscan la igualdad de derechos y la construcción de un mundo donde quepan varios mundos, donde no haya una lógica hegemónica impositiva, sino que puedan coexistir diferentes modos de vida sin pretender imponerse unos sobre otros. Asimismo, estas experiencias del sur enriquecen los debates sobre lo común y la comunidad al incorporar perspectivas locales, contextuales y situadas que a menudo son invisibilizadas en los análisis eurocéntricos. Las luchas y resistencias de las comunidades en Latinoamérica abren nuevas posibilidades de pensar y replantear la noción de comunidad en términos de justicia social, diversidad cultural y construcción colectiva de un bienestar común. En resumen, las experiencias que se producen en y desde el sur, en particular en Latinoamérica, aportan una perspectiva diferenciada y enriquecedora a los debates sobre lo común y la comunidad. Estas experiencias se caracterizan por su resistencia, movilización y propuestas frente a la lógica mercantil y la imposición de la lógica liberal. Además, estas experiencias permiten una comprensión más compleja y diversa de la comunidad, promoviendo la igualdad de derechos y la coexistencia de diferentes modos de vida. Estas perspectivas locales enriquecen los debates sobre lo común y la comunidad al incorporar voces situadas y contextualizadas que amplían nuestra comprensión de estos conceptos. Describa a qué refiere Alfonso Torres (2013) cuando desde una perspectiva política reconoce en "lo comunitario" una posibilidad de lo potencial instituyente y emancipador.Para Torres (2013) "lo comunitario" se presenta como una potencialidad instituyente y emancipadora desde una perspectiva política. Torres argumenta que lo comunitario representa un modo de vida alternativo que rechaza no solo la imposición neoliberal que perpetúa la desigualdad, exclusión y discriminación de modos de vida no conformes con la lógica capitalista y del mercado globalizado, sino que también cuestiona las formas de vida instituidas. Para Torres, lo comunitario es instituyente en tanto desafía y critica las normas y valores impuestos por los modos de vida hegemónicos, y propone nuevas formas de organización y relaciones sociales basadas en la colectividad, la autonomía y la justicia social. En este sentido, lo comunitario busca la transformación tanto del entorno social como de sí mismo, reivindicándose y activándose colectivamente en un proceso emancipador. Desde esta perspectiva, lo comunitario no busca imponer su propio modo de vida sobre otras esferas, sino más bien posibilitar la visibilidad y consideración de formas alternativas de vivir y hacer en el mundo. Torres destaca que lo comunitario constituye un movimiento que promueve una reflexión crítica y una resistencia activa frente a las estructuras de poder y las dinámicas de vida instituidas, con el objetivo de transformarlas y construir una sociedad más justa y equitativa. En conclusión, para Alfonso Torres, "lo comunitario" desde una perspectiva política representa una potencialidad instituyente y emancipadora al proponer un modo de vida alternativo, colectivo y transformador que cuestiona las formas de vida instituidas y busca la construcción de nuevas dinámicas sociales basadas en la solidaridad, la cooperación y la justicia social. Resumen del textoLa Torre de Babel comunitariaLo primero que salta a la vista es la vastedad de usos que asumen los términos "comunidad" y "comunitario", tanto en el lenguaje común y cotidiano de diferentes sectores de la población, como en el lenguaje de las políticas institucionales orientadas a poblaciones pobres o en alguna condición de exclusión. En unas y otras narrativas, la comunidad es una de esas palabras que parecen naturales y transparentes y que, por tanto, no requieren mayor aclaración, así se refiera a esferas y escalas de realidades disímiles. En el caso de "comunidad", esta se usa como sustantivo que pretende representar realidades evidentes, tal es el caso como "comunidad LGBT" o "comunidad científica". En el caso de "comunitario", este se usa como adjetivo para calificar diferentes retóricas, políticas y acciones que adquieren significado al estar destinados a grupos concretos de pobladores (representados como comunidades), objetos de "intervenciones", por ejemplo, "promoción comunitaria" o "educación comunitaria". En el caso de "comunidad", dicho significante circula fácilmente en diferentes contextos y es usado para nombrar diferentes realidades porque remite a un significado positivo de "unión", "comunión" y, "solidaridad", además, transmite una sensación agradable, un sentimiento acogedor. La comunidad siempre es vista como buena, cálida o acogedora; dentro de ella no hay extraños, todos somos conocidos, y podemos contar con una buena voluntad mutua. El sentido irreflexivo más corriente de la palabra "comunidad", la identifica con formas unitarias y homogéneas de vida social en las que prevalecen rasgos, intereses y fines comunes. Por lo general se la asocia a un territorio pequeño o una población homogénea, generalmente pobre o marginal, que comparte alguna propiedad (necesidades, ideales, etc). Dicha imagen unitaria y esencialista de comunidad, invisibiliza las diferencias, tensiones y conflictos propios de todo colectivo o entidad local. Comunidad como resistencia y utopíaParadójicamente, diversos grupos poblacionales también se autoreconocen como "comunidades" y nombran a sus prácticas de afirmación y proyección de sus valores culturales, formas sociales e ideales políticos como "comunitarios", en la mayoría de los casos en resistencia, oposición o estrategia alternativa a las políticas y programas provenientes del "exterior" (estatales, no gubernamentales, etc). Llama la atención que la emergencia de estas imágenes defensivas y alternativas de comunidades suele darse en contextos donde la convivencia humana se pone en peligro, ya sea para recuperar algo que se fue o está en peligro por la irrupción capitalista o del Estado, o para pensarla como algo que puede construirse, como una promesa que se hará realidad en el futuro. En un contexto neoliberal globalizado, donde se agudizan las inequidades sociales, aumenta la pobreza, se precarizan las condiciones laborales, y los Estados se desentienden de las responsabilidades sociales que otrora asumían, parecen exaltarse los conflictos sociales y el afianzamiento de valores proclives a la acumulación capitalista como el egoísmo, consumismo y la competencia; así como también actitudes que favorecen el conformismo, la indiferencia, apatía, desconfianza y el miedo generalizado. En este contexto, emergen y proliferan actualmente diferentes movimientos sociales que acuden al referente comunitario para justificar la defensa de vínculos y modos de vida vulnerados y también como un horizonte ético y político para un proyecto alternativo al capitalismo. El caso más evidente es el de los pueblos indígenas organizados y movilizados, que levantan la bandera de lo comunitario como defensa de sus tradiciones culturales y de sus formas comunales de propiedad y poder; pero también es frecuente encontrar organizaciones y movimientos campesinos y urbanos que rescatan el sentido comunitario de sus acciones colectivas, y desde el cual cuestionan las políticas y acciones estatales y de otros agentes externos como "anticomunitarias". Algunos movimientos sociales acuden al referente comunitario para justificar la defensa de vínculos y modos de vida vulnerados y también como un horizonte ético y político de su proyecto alternativo al capitalismo. A menudo muchas experiencias organizativas populares y movimientos sociales se autodenominan como comunitarios, en oposición y resistencia a otras formas de acción, asociación e intervención subordinadas a la lógica estatal o de la economía de mercado. La comunidad como problema recurrente en el pensamiento socialLa "comunidad" es un concepto polisémico hasta el extremo que recorre un largo camino en la tradición filosófica occidental. Y es solo a partir de la publicación de Ferdinand Tönnies en 1887 de "Comunidad y asociación", que la palabra comunidad se diferencia al de sociedad. A partir de esa obra, la comunidad se circunscribe a un tipo de vínculos, valores y modos de acción de una fuerte intensidad subjetiva y compromiso, que contrastan con el carácter abstracto e impersonal de esa totalidad social que empieza a llamarse sociedad. A partir de esa distinción analítica, la sociología naciente va a convertir a la comunidad en uno de sus conceptos constitutivos. El síntoma comunitario y su diagnósticoLa creciente preocupación intelectual por la comunidad, y la reactivación de demandas, reivindicaciones, prácticas, proyectos y utopías comunitarias, es denominada por Marinas como "síntoma comunitario"; categoría que pretende recoger un síntoma moral y político: la pervivencia y el incremento de formas comunitaristas, aquellas que ponen la verdad del vínculo social en los orígenes locales, en la tierra o en la sangre, mientras que las exigencias de una racionalidad universal convocan a un foro mundial de planteamientos, deliberación y resolución de los problemas. Síntoma, ya no psíquico sino moral y político, porque el comunitarismo como alternativa, de los grupos y movimientos que buscaban defenderse de los efectos negativos del neoliberalismo capitalista y el uniformismo de la globalización, representa hoy una regresión a modos no democráticos o que conviven con ellos, dado que "sugieren la promesa de un contacto con lo auténtico de los orígenes y -paradójicamente- no duda en convivir con la propuesta de un mercado omnívoro que lo mismo ofrece lo global que lo local". Sin embargo, consideramos que lo que está en juego con lo comunitario desde nuestra realidad latinoamericana es diferente. No desconozco que en nuestra región también se den experiencias y propuestas comunitarias que buscan evadir las contingencias del presente y de algunas comunidades surgidas bajo la lógica de la sociedad del consumo. Pero lo que aparece como "novedoso" en nuestro continente, es la persistencia, emergencia y proliferación de diferentes expresiones de acción colectiva impulsadas en nombre de la comunidad, cuyas potencialidades instituyentes y emancipadoras están aún por valorar. En nuestra región, las prácticas de resistencia, movilización y propuestas frente a la imposición de la lógica mercantil en todas las esferas de la vida, la exacerbación de las diferentes formas de discriminación y la imposición de la democracia liberal como forma única de régimen político, han visibilizado la presencia y la emergencia de otras racionalidades, vínculos, modos de vida, sentidos de pertenencia, luchas y proyectos de futuro de carácter comunitario. La defensa y la reivindicación de la comunidad hoy adquiere presencia a través de múltiples prácticas y expresiones culturales y políticas, desde las periferias, márgenes e intersticios del orden hegemónico. Por ello, la resistencia, persistencia y emergencia de lo comunitario en diversos territorios, instituciones y prácticas indígenas, campesinas y populares de América Latina, no puede interpretarse como un "síntoma" a ser curado, o una válvula de escape a las tensiones provocados por la expansión de la racionalidad capitalista. Es, más bien, un desafío político a quienes pensamos y actuamos para que otros mundos sean posibles. En definitiva, lo que está en juego, desde América Latina y el Sur mundial, es el potencial emancipador de lo comunitario reivindicado por diferentes prácticas, procesos asociativos y movimientos sociales. Las coordenadas del debate actualLos clásicos contemporáneos no reconocen en esta emergencia de lo comunitario ningún potencial emancipador. Por el contrario, es vista como una salida, regresiva, evasiva y fundamentalista de individuos y colectivos afectados por los desajustes, tensiones, riesgos e incertidumbres generados por las consecuencias de la globalización neoliberal y del ascenso de regímenes autoritarios.
Algunos filósofos proponen que en vez de pensar a la comunidad, identificándola con lo común como fundamento del vínculo, acudir más bien a categorías como diferencia, alteridad, singularidad, compromiso y don como claves para repensarla. Bibliografía
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![]() Alejandro Busto BertorelliPsicólogo formado en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Especializándose en terapias cognitivas, conductuales y contextuales. Ver perfil completo
Facultad de Psicología (UdelaR)
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