Resumen de "Montenegro, M., Rodríguez, A. y Pujol, J. (2014). La Psicología Social Comunitaria ante los cambios en la sociedad contemporánea"Resumen de "Montenegro, M., Rodríguez, A. y Pujol, J. (2014). La Psicología Social Comunitaria ante los cambios en la sociedad contemporánea"7/29/2026Autor: Alejandro Busto Bertorelli Índice
La praxis de la Psicología Social Comunitaria (PSC) se dirige a subsanar los problemas concretos derivados de un modelo de sociedad que reproduce y consolida relaciones de dominación, ancladas en las formas hegemónicas de pensar y actuar enquistadas en las ciencias sociales. Se trata de potenciar la capacidad de acción de la comunidad para la transformación social. En este sentido, es importante recordar que los cambios socioeconómicos y las formas en que se desarrolla la práctica comunitaria están interrelacionadas. No podemos pensar los avatares que la PSC ha sufrido sin relacionarlos con los cambios sociales acontecidos en las últimas décadas y con su impacto en las relaciones sociales y en las condiciones de posibilidad para incidir en ellas. La fragmentación y disolución post-fordista de la comunidadLa progresiva implantación de lo que se ha venido a llamar post-fordismo o capitalismo cognitivo supone una mutación del capitalismo que interactúa intensamente con los procesos de creación de identidad, a la vez que se dirige a la conquista de la esfera cultural. En otras palabras, las formas de acumulación capitalista han entrado en fuerte resonancia con las formas de regulación social que inciden significativamente en la constitución de nuevas prácticas sociales y formas de subjetividad que dificultan la implantación de intervenciones comunitarias. La interrelación entre la esfera económica y la cultural debilita los pilares básicos sobre los que se asienta la PSC: sujetos con sentimiento de comunidad anclados en un espacio e identidad común y susceptibles de ofrecer su tiempo y esfuerzo para mejorar la comunidad. La mutación del sujeto de la intervención comunitariaEl individuo post-fordista se ve sometido a fuertes exigencias de autonomía, siendo responsable de su biografía, identidad y futuro, a través de un proyecto reflexivo y autónomo. Las situaciones de marginalidad social se construyen social y subjetivamente a partir de la culpabilización y responsabilización individual. La inclusión social es comprendida como un proceso de carácter individual, adaptativo y en soledad, en donde se ponen en juego las propias capacidades para el aprovechamiento de las oportunidades que ofrece el contexto social. Es relevante en este sentido la noción de exclusión-inclusión social que se ha impuesto a partir de los análisis sociológicos. Los excluidos han sustituido en nuestros discursos a los oprimidos, a los dominados y a los explotados de otros tiempos. A los excluidos parecen oponerse los incluidos, como destinos resultantes de caminos paralelos, aparentemente sin conexión, ocultándose de ese modo, la relación dialéctica entre ambos términos y las relaciones de poder que producen la exclusión. Los organismos internacionales y estados nacionales han adoptado el desafío de la inclusión social de los sectores de la población que ilusoriamente "habrían quedado por fuera". Es decir, las políticas sociales, como resultado de un proceso de discriminación positiva al seleccionar a sus destinatarias, las instituye como sujetos de carencia. El agente externo (interventor) se aproxima a ellas desde un diagnóstico predefinido con el consiguiente riesgo de que el sujeto desaparezca en su singularidad. De esta manera, suele instituirse un sujeto agradecido que personifica la política en la persona que ejerce como operadora social y donde aquella queda invisibilizada en su más profundo sentido político de incidir sobre la desigualdad social. La instrumentalización y desterritorialización de la "comunidad"Las acciones comunitarias toman como delimitador el criterio geográfico, en base al alcance de las relaciones cotidianas de las personas participantes, por lo que se intensifica la acción en aquellos espacios donde confluyen la mayor parte de las relaciones. Esta aproximación tiende a vincular la noción de comunidad con el espacio y el territorio; y si bien algunas autoras plantean que la subjetividad, es decir, el sentido de comunidad, es el componente central, en la práctica comunitaria se tiende a superponer ambos aspectos (geográfico y subjetivo). Sin embargo, los procesos de segregación residencial y fragmentación social característicos de las sociedades contemporáneas, efecto de la globalización y de las transformaciones en el mundo del trabajo, obligan a reconsiderar la dimensión subjetiva. Las formas de agregación geográfica están dejando paso, potenciadas por el desarrollo de los medios de comunicación digital, a comunidades culturales basadas en características identitarias y grupales, comunidades que no necesariamente comparten un espacio común. En la denominada supermodernidad nos encontramos frente a una profunda transformación de los elementos básicos que configuran la "comunidad": tiempo, espacio e individuo.
De esta manera los fenómenos de fragmentación social y segregación residencial han impactado en las relaciones interpersonales, debilitando las capacidades de construcción de lo colectivo en los espacios locales, en las comunidades y en la ciudad en su conjunto. A ello se suman fenómenos de discriminación y estigmatización. La sensación de inseguridad, al impactar en las relaciones de protección cercanas en las relaciones de vecindad, condicionan las posibilidades de encuentro con el otro, los vínculos de confianza y las experiencias colectivas. El miedo y la desconfianza ligados a lo desconocido son constantes en los espacios microurbanos. La liquidez de la amalgama deshace las comunidades del capitalismo tardíoLa subjetividad post-fordista, en el seno de una comunidad fragmentada, hace difícil el desarrollo de una participación implicada con la comunidad. La ruptura de los lazos sociales nos aboca a una sociedad líquida donde la libertad derivada de la disolución de los amarres sociales nos desvinculan del resto de nuestros vecinos/as al tener que, obligatoriamente, construirnos en función de un determinado proyecto individual. La vida se transforma en un proyecto personal en la que se es responsable individualmente de los éxitos y fracasos. Desaparecen los aspectos constitutivos de la comunidad (compartir una historia, cultura, intereses, espacio, temporalidades, relaciones habituales, presencia o cotidianeidad) y son sustituidos por la identidad, el sentido de pertenencia o la vinculación emocional, aspectos que exceden los límites del espacio geográfico. Al mismo tiempo, en una misma zona, habitan múltiples comunidades con distintas historias, formas de conocer y sentir, o proyectos vitales. Una acción "comunitaria" puede entrar en conflicto con una o varias de las "otras" comunidades que habitan el mismo espacio geográfico, reforzando la fragmentación o intentando imponer una idea de comunidad inexistente. Así, los procesos de fragmentación del vínculo comunitario dificultan la construcción de un interés común que fundamente una acción transformadora. De lo común a lo diverso: apuntes para la comunidad rizomáticaCada fragmento comunitario es, en sí mismo, una comunidad basada en pertenencia étnica, religiosa, social o identitaria que habitan fragmentariamente un mismo espacio, imposibilitando la constitución de una comunidad geográfica frente a las comunidades identitarias/laborales/étnicas, etc. Fomentar la fractura social entre vecinos deseables e indeseables permite la implantación de políticas neoliberales que, al fin y al cabo, son ciertamente presentadas como deseadas por la "comunidad", pero que en realidad se alinean con algunas de las comunidades que habitan ese espacio. El desafío para la PSC consiste en desarrollar intervenciones sociales en un contexto de alta movilidad geográfica y diversidad identitaria sin potenciar procesos de exclusión social sobre la base de distintos ejes de segmentación social identitarios y/o socioeconómicos. El concepto de comunidad de PSC naturaliza la noción de entendimiento mutuo propio de la vida comunal precapitalista, tendiendo a una concepción homogeneizadora e idealizada de comunidad. Pero hay que tener cuidado con los riesgos de esta idealización. La intervención en PSC ha estado orientada frecuentemente a conocer, a fortalecer y a acompañar la construcción de lo común, a través del rescate del sentido de comunidad como elemento esencial de la misma. Sin embargo, los cambios socioeconómicos ponen en cuestión la idea de "una" comunidad delimitada geográficamente. En este sentido, existen distintas formas propuestas de contribuir a la reconstrucción del sentido geográfico de comunidad, entre ellas está la metáfora arborescente, la cual nos permitirá pensar la comunidad en términos de unas características comunes que la organizan (el tronco) con múltiples ramificaciones, casi infinitas, que darían cuenta de la diversidad y complejidad de la comunidad. Sin embargo, esta metáfora sigue reproduciendo los principios de orden, simetría, jerarquía, equilibrio y unidad que caracterizan a aquellas aproximaciones a los sistemas simples, y la cuestión es que las comunidades líquidas del capitalismo tardío se constituyen como sistemas complejos. Dicho esto, se plantea en su lugar una forma de comprender la comunidad que pueda recoger los procesos de complejidad y diversidad que imprimen las actuales formas de producción y gestión poblacional. Quizás la metáfora del rizoma nos pueda permitir pensar la comunidad en términos de sistema complejo, en un grupo heterogéneo de elementos semiótico-materiales interrelacionados en asociaciones que no son ni jerárquicas ni horizontales y que no tienen un elemento organizador común. La comunidad, desde este esquema, formaría parte de un rizoma más amplio, de una red compleja de interrelaciones entre elementos híbridos. Dar importancia a la interrelación, más que a los nodos, permite situar al evento como el aspecto central de la acción comunitaria. No se trata, desde esta perspectiva, de identificar aquellos agentes centrales de la comunidad, en tanto que nos situaría en la identificación de nodos. Se trata de identificar y promover, en su lugar, eventos que articulan tanto nodos como formas de relación. Similar a las redes neuronales, los "eventos comunitarios" articularían nodos y relaciones de características dispares, pudiendo conectar distintas geografías, historias, identidades y emociones. Pensar la comunidad en términos de conexión de diferencias en lugar de agrupaciones de comunalidades nos permite conceptualizar los espacios en que intervenimos como intrínsecamente diaspóricos, con una tensión constante entre los espacios identitarios que nos constituyen, potencialmente diversos geográficamente y los lugares físicos que habitamos, inherentemente interseccionales. Diáspora (en griego antiguo: διασπορά [diáspora] "dispersión") implica la dispersión de grupos étnicos o religiosos que han abandonado su lugar de procedencia originaria y que se encuentran repartidos por el mundo. Los eventos comunitarios permiten articular epistemologías de la diferencia donde, a modo de una epistemología diaspórica, elementos en principio contrapuestos se articulan en la conformación de una acción común sin que ello suponga renunciar a los elementos diferenciadores que los constituyen y mucho menos, a la conflictividad que esos elementos puedan implicar. Así, la acción comunitaria nos permite pensar una comunidad sin lo común.
Es necesario ser sensible a las formas en que el diseño de las políticas sociales y procesos de intervención pueden contribuir -o no- a la segmentación de la población a partir de intervenciones sectorializadas que definen ciertos colectivos como problemáticos o indeseables frente a otros definidos como deseables en contextos determinados. Desde las herramientas críticas de la PSC se trata de contribuir a visibilizar los efectos perversos de algunos procesos de intervención y aunar esfuerzos hacia la transformación de las relaciones de poder que estos puedan estar manteniendo.
|
![]() Alejandro Busto BertorelliPsicólogo formado en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Especializándose en terapias cognitivas, conductuales y contextuales. Ver perfil completo
Facultad de Psicología (UdelaR)
Dispositivos de atención frente a situaciones de violencia, acoso y discriminaciónEspacios de atención para quienes sienten que están transitando situaciones de acoso y discriminación, y/o para quienes presencian o conviven con situaciones de violencia. Clases particulares
¿Necesitás ayuda con alguna materia?Clases por Zoom, tutorías grabadas y guías con todo el material listo para estudiar. Preparás temas, parciales y exámenes con acompañamiento personalizado. Articulación de Saberes 5 Otros resúmenes de esta materia para leerAlvaro, D. (2015): El problema de la comunidadTorres, A. (2013): La comunidad como campo problemáticoFernández, A. M. (2009): Las diferencias desigualadasGuattari, F. (1998): Producción de subjetividadSalazar, C. (2011): Comunidad y narraciónDeleuze, G. (2015): Clase 3, filosofía en GreciaPélbart, P. (2009): La vida (en) comúnTeles, A. (2009): Aportes conceptualesDeleuze, G. (2015): Los pliegues (subjetivación)
Guías de Facultad ¿Tenés dudas sobre cómo funciona Facultad de Psicología? |
