Resumen de "Guattari, F. (1998). Conferencias. La producción de subjetividad del capitalismo mundial integrado"Resumen de "Guattari, F. (1998). Conferencias. La producción de subjetividad del capitalismo mundial integrado"7/29/2026Autor: Alejandro Busto Bertorelli ÍndicePreguntas que guían la lectura¿Por qué el autor habla de producción de subjetividad?Guattari utiliza el término "producción de subjetividad" para referirse a un proceso dinámico y complejo en el cual múltiples factores singulares y colectivos, tanto humanos como no humanos, materiales e inmateriales, contribuyen a la formación de la subjetividad. Guattari entiende la subjetividad como algo que no es único, estático o esencialmente individual e interior, sino que está en constante evolución y transformación, y que es el resultado de múltiples procesos productivos, de la interacción de múltiples procesos sociales, culturales y económicos. Además, está constantemente deviniendo, mutando. Es este proceso el que da cuenta de ciertas formas de existencia que de alguna manera manifiestan las distintas formas de ser, estar, pensar, vivir en el mundo que se van produciendo. En su análisis, el autor destaca cómo el capitalismo ha logrado incorporar ciertos aspectos homogeneizantes en la producción de subjetividad, lo que implica una regulación y normativización de las formas de existencia, es decir, de la normativización de las formas de ser, estar, pensar, vivir en el mundo. Esto resulta en la exclusión y violencia de otras formas de ser que no encajan en la norma establecida. En este sentido, el autor muestra cómo el capitalismo actúa como un factor influyente en la producción de subjetividad, y cómo este proceso está marcado por la exclusión y la violencia hacia formas de ser y pensar que no se ajustan a la norma impuesta. En resumen, la producción de subjetividad según Guattari, implica un proceso dinámico y complejo que está en constante evolución y transformación, y que es influenciado por múltiples factores singulares y colectivos. La incorporación de ciertos aspectos homogeneizantes por parte del capitalismo en este proceso, y pensando desde una lógica trascendental, identitaria del ser, resulta en la exclusión y la violencia hacia aquellas formas de ser y pensar que no se ajustan a la norma impuesta, discriminando, categorizando despectivamente, inferiorizando a estas formas de ser, muchas veces aniquilándolas. ¿Qué significa que la subjetividad sea multifoliada?Según Guattari, la subjetividad no se puede entender como algo que se expresa exclusivamente a través del lenguaje o que se circunscribe a un grupo específico de individuos, sino que es un proceso que involucra lo colectivo, lo humano y lo no humano, lo material y lo inmaterial. Por lo tanto, no se puede concebir la subjetividad como algo unificado, esencial o estático, sino que esta se produce en múltiples "folios", es decir, en diversas capas que se influyen mutuamente de maneras distintas y que dan lugar a formas heterogéneas y múltiples de ser, estar, pensar y vivir en el mundo. En ese sentido, la subjetividad deviene en una capacidad autopoiética que se produce y se reproduce a sí misma, en un movimiento constante de transformación y producción de nuevas formas de existencia. Por lo tanto, la multifoliación de la subjetividad implica la complejidad y la diversidad de los procesos de producción de subjetividades y la imposibilidad de reducirlas a una única forma o modelo. ¿A qué se refiere cuando hace mención a una heterogénesis de los valores en contraposición al aplastamiento de valores que realiza el capitalismo?Lo que plantea Guattari es que, en lugar de definir la subjetividad en términos de significante, es decir, en términos de algo que está "ahí" para dar cuenta de fenómenos que suceden en la realidad, la subjetividad también puede dar cuenta de territorios existenciales, es decir, formas de existencia que producen sentimientos de pertenencia y creación de identidades, y por lo tanto, producen formas de ser, estar y vivir en las personas que al interiorizar estos modos de existencia se funden en ellas. Estos territorios existenciales, Guattari los denomina "universos de referencia incorporales" porque son universos que permiten darle sentido al mundo, y son incorporales porque son siempre simbólicos de alguna manera. Es esta fusión la que hace imposible separar la subjetividad individual de la colectiva, es decir, la que manifiesta el reduccionismo inherente a la separación dicotómica de individuo y sociedad. Lo que plantea el autor es que en estos universos de referencia incorporales están incluidos los valores de la vida, la producción de valores que los seres humanos realizamos en tanto colectivo a través de diversos medios. Lo que produce el capitalismo, dice el autor, es que a través de diferentes factores homogeniza la producción de valores, imponiendo unos sobre otros, definiendo la norma en contraposición a la multiplicidad de valores, y por lo tanto, posibilitando que unos valores solo puedan ser enunciados por lo negativo, por lo que "no son". Sin embargo, agrega que estos territorios existenciales pueden ser trabajados y controlados, y por lo tanto, la producción de valores puede ser heterogénea. Es posible producir territorios existenciales que no produzcan un desplazamiento de la multiplicidad de cosmovisiones en el mundo, sino que permitan la multiplicidad de existencias, de ser en el mundo, y permitan la afectación de dichos territorios existenciales de tal manera que algo más devenga. Ahí es donde radica el potencial de lo múltiple, en tanto que no denigre, ni excluya, ni viole otras formas de estar y ser en el mundo, otras formas de existencia. Resumen del textoTodos sabemos que el capitalismo hoy es mundial, planetario. Pero quizás lo más específico es la idea de integración subjetiva al intentar redefinir el capitalismo mundial de hoy, como una instancia de poder que no se ejerce en el plano de lo visible, sino, en primer lugar, en el plano de la subjetividad y cuya finalidad fundamental no es el control, sino la producción de subjetividad.
Respecto al tema de la producción de subjetividad, me parece que es en este punto donde los movimientos marxistas o progresistas chocaron contra un muro. Elaboraron su teoría a partir de una especie de pareja conceptual: la infraestructura económica-superestructura ideológica. Y lo importante es estar en lo real, en la materia, en las relaciones de producción económica; pero la ideología, la subjetividad, no tienen sino una importancia secundaria. Sin embargo, esto nos sitúa completamente fuera de nuestra época, porque justamente, si hay algo que las revoluciones informática y telemática nos indican, es que la información no es en absoluto una superestructura, sino algo que trabaja en la energía misma. El capitalismo, en cambio, nunca subestimó el carácter subjetivo. Tras la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo mundial comprendió que debía realizar un viraje y liberar cierta cantidad de subjetividad, otorgar un poco de independencia formal con tal de recolonizar en términos económicos y culturales. Buscó vías intermedias que permitían dar satisfacciones parciales a las subjetividades nacionalitarias, a la vez que reconquistaba los elementos económicos y geopolíticos estratégicos, esenciales para el desarrollo de su política planetaria. Esta política de compromiso con las subjetividades nacionalitarias se combina con otra política mucho más conquistadora respecto de la producción de subjetividad. Hay, a mi juicio, dos ejes de producción de subjetividad capitalística. En primer lugar, el eje de los diseños colectivos, que son principalmente productores de subjetividad. La escuela enseña, el hospital trata al enfermo, etc. Pero detrás de estos aspectos funcionales, está la producción de la vida, social e individual, que englobo en la producción de subjetividad. Cuando hablo de producción de subjetividad, lo hago en el sentido más radical. Un niño aprende la semiótica de la ciudad, aprende sus relaciones sociales, sus relaciones de intercambio al nivel más inconsciente, perceptivo. Por ello, creo que es interesante volver a pensar los temas de arquitectura, urbanismo, de construcción de la vida social, de los diseños colectivos, en primer lugar, como instrumentos de producción de existencia y, en segundo lugar, en su carácter funcional. El otro instrumento de producción de subjetividad del cual se apoderó el CMI y que constituye uno de sus factores más poderosos de integración son los medios de comunicación de masas tomados en su sentido amplio. A través de estos se transportan muchas otras cosas aparte de las representaciones narrativas o informativas. La verdad es que se produce cierto tipo de subjetividad. Lo que me parece importante, si se quiere comprender la eficacia de la subjetividad capitalística, es redefinir la subjetividad con este nivel que yo llamo de polivocidad, de multifoliación. No es algo que se exprese sólo a través del lenguaje, o como comunicación entre individuos; es algo que existe, que se produce en un nivel que yo denomino "conciertos colectivos", y que hace que de pronto algo empieza a vivir fuera de la subjetividad individual. Esto que empieza a vivir fuera de la subjetividad individual, que se siente como algo que trasciende el propio Yo, no es solo una subjetividad que nace entre individuos como fenómeno microsocial de grupo; sino que es algo que compromete múltiples dispositivos. Podemos decir, entonces, que hay individuos, grupos, pero también máquinas sociales, tecnológicas, y esto es lo que produce subjetividad. Por lo tanto, la subjetividad no es una especie de alma flotante situada en la superestructura ideológica, sino algo que puede nacer como un foco autopoiético, como si hubiese efectivamente un fenómeno de autoconsistencia subjetiva que estuviera emergiendo. (La autopoiesis es un neologismo que designa la capacidad de un sistema de reproducirse y mantenerse por sí mismo). Este fenómeno de autoconsistencia subjetiva compromete, no solamente relaciones visibles, semióticamente articulables, sino también lo que yo denomino "universos de referencia incorporales". Entonces, en lugar de definir la subjetividad en términos de significante, para dar cuenta de estos fenómenos de subjetividad contemporánea me parece esencial cartografiar la subjetividad, no sólo a través de flujos -flujos de lenguaje, no-verbales, de cuerpo, etc-, sino también a través de territorios existenciales, cristalización de identidades a las cuales uno pertenece, porque de alguna manera uno se funde dentro de ellas. Este fenómeno de fundición entre la subjetividad individual y la subjetividad colectiva tiene un poder extraordinario. Es esta fusión subjetiva entre lo individual y lo colectivo lo que le dio todo su poder al nazismo. Es una fusión peligrosa, pero puede ser controlada. En vez de dejar al azar la construcción de estos territorios existenciales, es posible trabajarlos. Donde hay relaciones de violencia, vulgaridad, falocracia, racismos, puede construirse otra cosa. Por lo tanto, la cuestión de la finalidad, la re-finalización de las producciones sociales se plantea a propósito de la construcción procesual, artificial de nuevas formas de vivir en grupo, de construir una escuela, etc. La otra dimensión de producción de subjetividad es la de los universos de referencia incorporales de los que hablaba hace un momento. Los valores de la vida no son algo evidente. Implican mutaciones existenciales, compromisos éticos y estéticos. Y precisamente la finalidad última de estos territorios existenciales que evocaba no es solamente una inmersión en un "nosotros", sino vivir esa experiencia extraordinaria que es la producción de valores, de cadenas maquinísticas a través de la ciencia y del arte. Es una finalidad que implica el contrario del aplastamiento de los valores, finalidad propia del capitalismo. La subjetividad capitalística lo homogeniza todo. Una revolución molecular implica una heterogénesis de los valores.
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![]() Alejandro Busto BertorelliPsicólogo formado en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Especializándose en terapias cognitivas, conductuales y contextuales. Ver perfil completo
Facultad de Psicología (UdelaR)
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