Resumen de "Deleuze, G. (2015). Los pliegues o el adentro del pensamiento (subjetivación)"Resumen de "Deleuze, G. (2015). Los pliegues o el adentro del pensamiento (subjetivación)"8/3/2026Autor: Alejandro Busto Bertorelli ÍndiceResumen del texto: los pliegues de la subjetivaciónEl afuera no es un límite petrificado, sino una materia cambiante animada de movimientos, de pliegues y plegamientos que constituyen un adentro: no otra cosa que el afuera, sino exactamente el adentro del afuera. Si el pensamiento procede del afuera y no cesa de mantenerse afuera, ¿cómo no iba a surgir adentro, como lo que el pensamiento no piensa ni puede pensar? Lo impensado no está en el exterior, sino en el centro del pensamiento, como la imposibilidad de pensar que dobla o ahonda el afuera. En la época de la Grecia antigua, la formación griega presenta nuevas relaciones de poder, muy diferentes de las viejas formaciones imperiales. Se puede hablar de un diagrama de poder que se extiende a través de los saberes cualificados: “asegurar la dirección de sí mismo, ejercer la gestión de su casa, participar en el gobierno de la ciudad, son tres prácticas del mismo tipo.” Sin embargo, la mayor novedad de los griegos aparece ulteriormente, cuando los ejercicios que permiten gobernarse a sí mismo se separan a la vez del poder como relación de fuerzas y del saber como forma estratificada, como “código” de virtud. Por un lado, existe una “relación consigo mismo” que empieza a derivar de la relación con los otros; por otro, también existe una “constitución de sí mismo” que empieza a derivar del código moral como regla de saber. Esta derivación, esta ruptura, debe entenderse en el sentido de que la relación consigo mismo adquiere independencia. Es como si las relaciones del afuera se plegasen, se curvasen para hacer un doblez, y dejar que surja una relación consigo mismo, que se constituya un adentro que se abre y se desarrolla según una dimensión propia: la relación consigo mismo como control es un poder que se ejerce sobre sí mismo en el poder que se ejerce sobre los otros, hasta el extremo de que la relación consigo mismo deviene “principio de regulación interna” con relación a los poderes constituyentes de la política, de la familia, incluso de la virtud. Según el diagrama griego, solo hombres libres pueden dominar a los otros. Es necesario que la dominación de los otros se doble de un dominio de sí mismo. Es necesario que la relación con los otros se doble de una relación consigo mismo. Es necesario que las reglas obligatorias del poder se doblen de reglas facultativas del hombre libre que lo ejerce. Es necesario que de los códigos morales que efectúan el diagrama se libere un “sujeto” que rompe, que ya no depende del código en su parte interior. Eso es lo que han hecho los griegos: han plegado la fuerza, sin dejar que deje de ser fuerza. La han relacionado consigo misma. Lejos de ignorar la interioridad, la individualidad, la subjetividad, han inventado el sujeto, pero como una derivada, como el producto de una “subjetivación”. La idea fundamental de Foucault es la de una dimensión de la subjetividad que deriva del poder y del saber, pero que no depende de ellos. Sin embargo, lo que es importante tener en cuenta, es que la subjetivación, la relación consigo mismo, no cesa de traducirse, metamorfoseando, cambiando de modo, hasta el extremo de que el modo griego es un recuerdo bien lejano. La relación consigo mismo no cesa de renacer, en otro sitio y de otra forma. Ya dijimos que la subjetivación se hace por plegamiento, ahora bien, existen cuatro plegamientos, cuatro pliegues de subjetivación:
Los cuatro pliegues son como la causa final, eficiente, material, de la subjetividad o de la interioridad como relación consigo mismo. Esos pliegues son variables, según ritmos diferentes además, y sus variaciones constituyen modos irreductibles de subjetivación.
Pero, ¿qué diremos de nuestros propios modos actuales, de nuestra relación consigo mismo moderna? ¿cuales son nuestros cuatro pliegues? La lucha por una subjetividad moderna pasa por una resistencia a las dos formas actuales de sujeción, una que consiste en individuación según las exigencias del poder, otra que consiste en vincular cada individuo a una identidad sabida y conocida, determinada de una vez por todas. La lucha por la subjetividad, se presenta, como derecho a la diferencia y derecho a la variación. La razón por la cual Foucault parte de los griegos es porque, aunque hemos olvidado rápidamente los viejos poderes que ya no se ejercen, los viejos saberes que ya no son útiles, en materia moral no cesamos de saturarnos de viejas creencias en las que ya ni siquiera creemos, de producirnos como sujeto a partir de viejos modos que no corresponden a nuestros problemas. Diríase, entonces, que los modos de subjetivación tienen una larga vida, y que nosotros continuamos jugando a los griegos, a los cristianos, y de ahí nuestra afición por los retornos a…. Sin embargo, no se trata de un retorno a los griegos, ni a los cristianos, puesto que nunca existe retorno. Aquí es donde cobra relevancia que el plegamiento es una memoria: absoluta memoria o memoria del afuera. Memoria es el verdadero nombre de la relación consigo mismo o del afecto por sí mismo. Memoria absoluta que dobla el presente, que redobla el afuera, y que se identifica con el olvido, puesto que ella misma es sin cesar olvidada para ser rehecha. Solo el olvido encuentra lo que está plegado en la memoria. Lo que se opone a la memoria no es el olvido, sino el olvido del olvido que nos disuelva en el afuera. Saber, poder y sí mismo son tres dimensiones irreductibles, pero en constante implicación. Tres ontologías históricas, porque no establecen condiciones universales. El ser-saber está delimitado por las dos formas que adquieren lo visible y lo enunciable en tal momento, y la luz y el lenguaje son inseparables de la “existencia singular y limitada” que tienen en tal estrato. El ser-saber está determinado en relaciones de fuerzas que pasan por singularidades variables en cada época. Y el sí mismo, el ser-sí mismo, está determinado por el proceso de subjetivación, es decir, por los lugares por los que pasa el pliegue. En resumen, las condiciones nunca son más generales que lo condicionado, y tienen valor por su propia singularidad histórica. Al mismo tiempo, las condiciones son problemáticas. Al ser condiciones, no varían históricamente, pero varían con la historia. En efecto, presentan la manera en que el problema se plantea en tal formación histórica: ¿que puedo saber, o que puedo ver y enunciar en tales condiciones de luz y de lenguaje? ¿que puedo hacer, que poder reivindicar y que resistencias oponer? ¿qué puedo ser, de que pliegues rodearme o cómo producirme como sujeto? Bajo estas tres preguntas, el “yo” no designa un universal, sino un conjunto de posiciones singulares adoptadas en un Se habla, Se ve, Se hace frente, Se vive. Singularidades las hay de muchos tipos, pero siempre proceden del afuera: singularidades de poder, incluidas en las relaciones de fuerzas; singularidades de resistencia, que preparan las mutaciones; e incluso singularidades salvajes, que continúan unidas al afuera, sin entrar en relaciones ni dejarse integrar. Si el adentro se constituye por el plegamiento del afuera, existe una relación topológica entre los dos: la relación con sí mismo es homóloga de la relación con el afuera, y las dos están en contacto por medio de los estratos, que son medios relativamente exteriores (y por lo tanto, relativamente interiores). Todo el adentro se encuentra activamente presente en el afuera, en el límite de los estratos. El adentro condensa el pasado, en modos que de ninguna manera son continuos, pero que lo confrontan con un futuro que procede del afuera, lo intercambian y lo recrean. Pensar el pasado contra el presente, resistir al presente, no para un retorno, sino en favor de un tiempo futuro, es decir, convirtiendo el pasado en algo activo y presente afuera, para que por fin surja algo nuevo.
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![]() Alejandro Busto BertorelliPsicólogo formado en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Especializándose en terapias cognitivas, conductuales y contextuales. Ver perfil completo
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