De los modelos categoriales a los modelos transdiagnósticos: Limitaciones y posibilidades10/11/2024
En las últimas décadas se han constatado distintas limitaciones de los modelos categoriales tradicionalmente utilizados en psicopatología. Algunas de estas limitaciones han posibilitado la emergencia de otros modelos que permiten comprender a los distintos cuadros clínicos desde un enfoque diferente. Así, los modelos transdiagnósticos han surgido como una alternativa a los modelos categoriales, y proponen entender la psicopatología a partir de factores comunes. Esto es especialmente relevante para las y los profesionales de la salud mental ¿Qué son los modelos transdiagnósticos? ¿Cuáles son estos factores comunes? ¿Cuáles son las limitaciones de los modelos categoriales? En esta nota abordaremos todas estas preguntas, ¡no te la pierdas!
Referencia APA sugerida: Modelos categoriales: ¿Qué son?
Los modelos categoriales son probablemente aquellos más conocidos en el área de la salud mental. Se trata de enfoques de diagnóstico que clasifican los trastornos mentales en categorías mutuamente excluyentes, basándose en la identificación de síntomas específicos que caracterizan a cada trastorno.
El ejemplo quizás más conocido de este enfoque es el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, en inglés). Este sistema busca proporcionar una estructura clara y definida para entender y tratar las enfermedades mentales, siguiendo una lógica donde cada trastorno se considera una entidad distinta con sus propios síntomas y características (González Pando et al., 2018). Limitaciones del enfoque categorial: ¿Cuáles son?
Además, tampoco permiten definir con precisión el fenómeno psicopatológico al que se refiere, dejando fuera buena parte de las experiencias que viven los pacientes. Y finalmente, tampoco sirven para predecir cuál será la evolución clínica ni la respuesta al tratamiento.
Un segundo problema relacionado a estos enfoques se vincula con la comorbilidad entre cuadros clínicos. Justamente, una dificultad importante en salud mental es la elevada comorbilidad entre trastornos, de forma que la comorbilidad se considera ya una característica de los trastornos mentales. Este fenómeno se relaciona con las dificultades de las clasificaciones diagnósticas categoriales, y su desmesurado crecimiento. Desde la publicación del DSM-1 con sus 106 categorías, se ha pasado a las más de 300 que incluye el DSM-5. La comorbilidad se refiere a la presencia de dos o más psicopatologías en un mismo individuo, y actualmente se ha visto que esto es más la regla que la excepción. Por ejemplo, es común que una persona con trastorno de ansiedad también presente síntomas de depresión o trastornos alimentarios. El problema está particularmente en que los modelos categoriales no permiten considerar estas interacciones y solapamientos, lo que puede llevar a diagnósticos erróneos o incompletos y, en consecuencia, a tratamientos ineficaces (Belloch Fuster, 2012).
Enfoque transdiagnóstico: ¿Que propone?
Por todas estas limitaciones es que surgen los enfoques transdiagnósticos. Lo primero que necesitamos comprender es qué es un factor transdiagnóstico. La bibliografía define a estos como variables o mecanismos que se consideran comunes a múltiples trastornos mentales, en lugar de ser específicos de un solo diagnóstico.
Estos factores incluyen síntomas, procesos psicológicos, o características de personalidad que se manifiestan en diferentes trastornos, lo que permite una comprensión más integrada de la psicopatología. Por ejemplo, factores como la intolerancia a la incertidumbre o las intrusiones mentales son considerados transdiagnósticos porque pueden aparecer en una variedad de trastornos, como la depresión, los trastornos de ansiedad, y los trastornos alimentarios. Justamente, este es el punto del “trans-diagnóstico”. Se trata de un enfoque que trasciende las categorías diagnósticas tradicionales para abordar los trastornos mentales de forma compleja. Esto implica reconocer que muchos síntomas y procesos psicológicos son compartidos entre diferentes cuadros clínicos, lo que permite una comprensión más integral de la psicopatología. Factores transdiagnósticos: ¿Cuáles se han propuesto?
Existen diversos factores transdiagnósticos, entre los cuales podemos encontrar aquellos que se refieren a factores comportamentales, cognitivos, biológicos y socioambientales, entre otros. Así, existen factores cognitivos que se comparten entre varios cuadros clínicos, pero estos últimos no presentan, por ejemplo, algunos comportamentales o socioambientales que otros sí.
Las variaciones de estos factores en cada individuo, justamente, son las que brindan la idiosincrasia de la psicopatología que cada persona atraviesa; a la vez que permite encontrar puntos en común desde donde puedan construirse intervenciones adecuadas y pertinentes. Algunos de los factores transdiagnósticos que se han postulado son, por ejemplo, el inicio temprano de la pubertad (Lynch, et al., 2021).
Por lo tanto, es de suma importancia entender que la presencia de un factor no implica el desarrollo necesario de un determinado cuadro clínico. Además, es importante recordar que, como regla general en psicopatología, la presencia de un síntoma no es suficiente para realizar un diagnóstico. Esto no es nuevo, sino que también está presente en los enfoques categoriales, y por ello es que cada una de las categorías de los mismos tienen criterios específicos.
Otro factor transdiagnóstico es, por ejemplo, la sensibilidad a la ansiedad. Esta ha sido objeto de estudio como variable transdiagnóstica común a los trastornos emocionales. Estos son los comúnmente llamados depresión y ansiedad. La sensibilidad a la ansiedad se define como el miedo a las sensaciones interoceptivas de ansiedad o activación, relacionado con la creencia de que estas señales implican peligro u otras consecuencias temidas. Sin embargo, esta variable resultaría común no solo a los trastornos emocionales, sino también a los relacionados con el sueño y a las adicciones, si bien el problema en el que parece más saliente desde el punto de vista clínico es el trastorno de pánico (Sandín, Chorot y Valiente, 2012). Finalmente, encontramos también otros factores transdiagnósticos como eventos estresantes en la vida. Esto significa que la exposición a eventos estresantes en el desarrollo de las personas puede influir en la salud mental de estas, y afectar su capacidad para regular sus emociones y comportamientos. No obstante, se señala que la relación entre los eventos estresantes y la psicopatología es modulada por factores socioambientales, como la cohesión social y el apoyo familiar. Por ello, también se sugiere que el contexto en el que ocurren estos eventos influye en su impacto. Comprendiendo la psicopatología de manera dimensional
Se sugiere, de esa manera, que los síntomas varían en intensidad y frecuencia a lo largo de un espectro, lo cual significa que las personas experimentan niveles diferentes de ansiedad y/o depresión. Así, por ejemplo, la ansiedad puede manifestarse a través de síntomas físicos, cognitivos y emocionales, y estos se presentarían en diferentes grados en varios trastornos.
“Normalidad” y psicopatología: Los límites no son tan claros
Al considerar a los síntomas como manifestaciones dentro de un continuo, se reconoce que no hay una línea clara que separe la normalidad de la psicopatología. Esto significa que comportamientos o emociones que podrían considerarse normales en ciertos contextos pueden volverse problemáticos en otros.
Consecuentemente, esto tiene como efecto asociado la reducción del estigma vinculado a los trastornos mentales. Al enfatizar que todos experimentamos variaciones en nuestro bienestar emocional, se fomenta una mayor empatía y comprensión hacia aquellos que enfrentan dificultades más severas. Conclusiones
En definitiva, los enfoques transdiagnósticos implica diferentes ventajas al adoptarlos respecto de los enfoques que actualmente dominan el ámbito de la salud mental. Por un lado, en la medida en que los diversos síntomas se definen en términos dimensionales que son susceptibles de estudiar y de operar con ellos, es posible construir instrumentos fiables y estandarizados que permitan apresar en que medida un paciente particular presenta un determinado síntoma o un conjunto de ellos, cuál es su intensidad y su frecuencia, entre otras cosas. Por otro lado, en la medida que se dispone de estrategias y técnicas de prevención, promoción y tratamiento eficaces para los distintos factores identificados, se pueden diseñar programas específicos para cada paciente individual, adaptados a las diversas manifestaciones del malestar y, especialmente, de sus interrelaciones.
Referencias bibliográficas
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Estudiante avanzado de la Facultad de Psicología. |
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